El Producto Bruto Interno (PBI) no fue diseñado para medir el bienestar de las personas, sino la actividad económica y la producción de bienes y servicios de un país.
No sirve para medir el «bienestar», pues:
| Limitación | Por qué importa |
| Omite la distribución | Un país puede mostrar un PBI elevado, pero con una gran desigualdad en la que la riqueza se concentra en pocas manos. |
| No valora el trabajo no remunerado | Desconoce las labores del hogar, el cuidado de familiares y el voluntariado, que son fundamentales para la calidad de vida. |
| Ignora la salud y la educación | El crecimiento no refleja necesariamente si los ciudadanos tienen acceso a buenos hospitales, escuelas o aire limpio. |
| Computa gastos negativos como positivos | Desastres naturales, accidentes de tráfico o la reconstrucción tras una crisis elevan el PBI porque mueven dinero, aunque disminuyan el bienestar real. |
¿Hay alternativas para medir el bienestar real?
| Alternativa | En qué consiste |
| Índice de Desarrollo Humano (IDH) | Evalúa la esperanza de vida, la educación y el ingreso per cápita. |
| Indicadores más allá del PBI | Propuestas recientes de organismos internacionales buscan integrar métricas de desigualdad, sostenibilidad ambiental y satisfacción con la vida (como las impulsadas en informes de las Naciones Unidas). |
Pero nada de nada
A lo Julio Velarde, que sigue en sus trece de que el metal oro y, por extensión, los miles de millones que se transan en papeles con el metal, esté premiado por revistas unidimensionales, por segunda vez, aunque ahora en empate con un danés de mejores referencias, no debe de tener claro el porqué de que se utilice el porcentaje del PBI, a pesar de que, como indicador directo de dinero disponible o bienestar individual, pueda parecer «inservible».
La clave: qué es y qué no es
La clave está en que el PBI no es el presupuesto del Estado ni es dinero líquido en una cuenta bancaria; es el valor de todo lo que produce un país. Sin embargo, se mantiene el uso de su porcentaje por dos razones eminentemente prácticas:
| Razón | Explicación |
| Es el único denominador común para comparar países | Decir de forma aislada que un país gasta, por ejemplo, 8 mil millones de dólares en educación no aporta contexto real. En cambio, decir que destina el 4 % de su PBI permite compararlo directamente con otra economía que invierte el 5.5 %, sin importar el tamaño de sus monedas o poblaciones. |
| Sirve para dimensionar el esfuerzo macroeconómico | Expresar una meta en función del porcentaje del PBI ayuda a medir la magnitud de una propuesta o política pública. Por ejemplo, plantear que se quiere llegar al 10 % del PBI en un sector es una forma técnica de establecer que se busca duplicar el esfuerzo económico actual del país. |
Como se ve, esto es una real tontería que le sirve a la altísima burocracia y a los inversores de orden de la élite internacional. Sojuzgar a la mayoría de los países, a los cuales traen a miles de ellos como funcionarios, les lavan la cabeza y les cuentan el cuento de las métricas, que en verdad guardan enormes fallas e imprecisiones.

¿Por qué se siente «inservible» en el día a día?
El descontento con el indicador ocurre porque un PBI al alza no mide el bienestar real de la gente. Tiene limitaciones severas que explican por qué la economía puede «crecer» mientras las personas no lo sienten:
- Omite la distribución de los ingresos: El crecimiento puede concentrarse en pocas manos mientras la mayoría no percibe mejoras.
- Ignora variables críticas de calidad de vida: No registra los niveles de salud, la calidad educativa, la seguridad ni el daño ambiental.
- Excluye el trabajo no remunerado: Deja fuera las labores del hogar, el voluntariado y la economía informal.
Deuda/PBI: una comparación engañosa
Pero hay más, muchas más cosas, como, por ejemplo, el indicador de deuda pública/PBI, en el que compararse con EE. UU. es absurdo, en tanto este país es inmenso y, más que nada, emite su propia moneda, en la que se endeuda, se financia y se apalanca. Intonsos de países como el Perú comparan su ratio de deuda/PBI, que va por un 32 %, no solo con EE. UU., sino con Japón, y no tienen ni idea de que los orientales se financian por años a sí mismos, ni del tema del carry trade, que la mayoría desconoce.
El costo que nadie ve
Lo grave es que este indicador oculta las tasas de interés de los bonos de deuda pública, y vaya que, en su mayoría, estas han sido de casi cero para los países desarrollados en esos susodichos bonos, y hoy un mínimo de 7 % anual hace que el Perú, solo en intereses de deuda, pague cash money en su presupuesto anual S/ 32,000 millones, y ello va in crescendo, pues el 68 % está en gastos corrientes y el Gobierno, con un presupuesto para el año próximo de S/ 257,000 millones, acaba de pedir una ampliación de S/ 18,000 millones más para pensiones y gastos corrientes. Y eso que aún El Niño no ha mostrado todos sus requerimientos. Pobre país.