Martin Wolf, en el Financial Times, ha publicado su tercer artículo sobre la inteligencia artificial (IA), luego de dos entregas previas que ya hemos comentado y en las que advertía que esta tecnología representa enormes oportunidades, pero también grandes peligros, algunos incluso de carácter existencial.
Este nuevo texto complementa los anteriores y considero necesario reproducir y difundir sus reflexiones, especialmente en un país como el Perú, donde seguimos observando la realidad a través de indicadores macroeconómicos que suelen dejar de lado asuntos fundamentales para el futuro de la sociedad. La discusión sobre la IA debe llegar a diversos ámbitos académicos, empresariales, políticos y ciudadanos, pues no solo Martin Wolf expresa preocupación; economistas de la talla de Paul Krugman también han advertido sobre los desafíos que se avecinan. Los artículos anteriores pueden consultarse en:
https://www.puntodeencuentro.pe/columna.html?id=7431
https://www.puntodeencuentro.pe/columna.html?id=7446
La advertencia de Martin Wolf sobre el futuro de la IA
Wolf sostiene que esta tecnología transformadora amenaza valores fundamentales como la responsabilidad personal e institucional, el Estado de derecho, la democracia e incluso nuestra propia concepción de lo que significa ser humano. Además, advierte que la IA será extremadamente difícil de regular, no solo por el alcance global de sus efectos, sino porque su desarrollo está impulsado por una feroz competencia entre empresas y por la rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China.
Una reciente publicación de Anthropic señala que “estamos delegando una parte creciente del desarrollo de la IA en los propios sistemas de IA”. El escenario futuro podría conducir a sistemas capaces de diseñar y desarrollar autónomamente a sus propios sucesores. La misma publicación sostiene que, si fuera posible ralentizar el desarrollo de esta tecnología para disponer de más tiempo y enfrentar adecuadamente sus enormes implicancias, ello probablemente sería positivo.
Si incluso Anthropic, una de las empresas líderes en inteligencia artificial, expresa preocupación por lo que está ocurriendo, es comprensible que los temores del resto de la sociedad, especialmente de las nuevas generaciones, se intensifiquen.
¿Realmente la IA destruirá millones de empleos?
Uno de los aspectos que genera mayor inquietud es el impacto de la IA sobre el empleo. Existe la expectativa de que la productividad aumente considerablemente, pero aún se desconoce la velocidad y magnitud de la transformación que esta tecnología provocará.
John Burn-Murdoch señaló recientemente que el aumento de aplicaciones generadas mediante IA no se ha traducido en un crecimiento equivalente de su utilización. Asimismo, aunque se observan incrementos importantes en la productividad durante las primeras etapas del desarrollo de software, estos no necesariamente se reflejan con la misma intensidad en los productos finales.
Por su parte, una revisión publicada por la Organización Internacional del Trabajo concluyó que, a escala mundial, uno de cada cuatro trabajadores desempeña alguna ocupación expuesta a la IA generativa. Sin embargo, apenas el 3,3 % del empleo global se encuentra en la categoría de mayor exposición. A primera vista, esto no parece representar una disrupción inmediata de grandes proporciones.

Además, la historia económica demuestra que las grandes innovaciones suelen tardar años en traducirse en aumentos significativos de productividad. Como recuerda Paul Krugman, el crecimiento de la productividad durante la era digital ha sido menor que el registrado en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, una etapa que no contaba con avances tecnológicos comparables a los actuales.
En el extremo opuesto del debate se encuentra Vinod Khosla, experimentado inversor tecnológico, quien afirma en el Financial Times:
La necesidad urgente de regulación y responsabilidad
“Estoy seguro de que la IA realizará el 80 % del trabajo económicamente valioso que hoy hacen las personas en el 80 % de los empleos, y lo hará más rápido de lo que la mayoría imagina. La cuestión no es si el subempleo masivo llegará durante la próxima década, sino si tendremos un marco político coherente para enfrentarlo”.
El escepticismo sobre la velocidad y magnitud del impacto de la IA puede estar justificado. Sin embargo, Khosla plantea una advertencia que merece atención: debemos prepararnos. La civilización podría no resistir ciertos choques existenciales o graves perturbaciones económicas derivadas de esta tecnología. La incertidumbre exige preparación, no complacencia.
¿Qué significa estar preparados?
En primer lugar, debemos asumir que las máquinas tomarán decisiones cada vez más relevantes, incluso en ámbitos tan sensibles como la investigación militar o biológica. Por ello, debe existir responsabilidad claramente identificable. Los programadores, directivos de las empresas desarrolladoras y responsables institucionales que utilicen IA deben rendir cuentas por sus decisiones y por los daños que puedan ocasionarse.
Contrariamente a lo planteado por el presidente argentino Javier Milei, la inteligencia artificial no puede dirigir instituciones sin responsabilidad humana. Los propietarios, ejecutivos y funcionarios involucrados deberían enfrentar responsabilidades civiles e incluso penales cuando corresponda.

En segundo lugar, no podemos confiar exclusivamente en la ética o la autodisciplina de quienes desarrollan estos sistemas. La experiencia con las redes sociales ha sido suficientemente ilustrativa. Como ha señalado Wolf:
“Difundir mentiras y fraudes puede ser un buen negocio. Peor aún, hacer insoportable la vida de las personas también puede ser rentable. La inteligencia artificial amenaza con agravar nuestra situación colectiva mediante la creación de fraudes prácticamente perfectos”.
Aunque Anthropic exprese su deseo de ralentizar el avance tecnológico, se encuentra inmersa en una carrera competitiva que no puede controlar por sí sola. Por ello, así como no permitimos que las farmacéuticas comercialicen medicamentos sin rigurosos procesos de prueba, tampoco deberíamos permitir que nuevos sistemas de IA sean liberados sin controles equivalentes.
Un desafío global que no puede afrontarse de manera aislada
En tercer lugar, dichas regulaciones no pueden limitarse al ámbito nacional. Es indispensable alcanzar acuerdos globales sobre los mecanismos de evaluación, supervisión y responsabilidad asociados al desarrollo de la IA.
En este contexto, la Unión Europea vuelve a desempeñar el papel de regulador de referencia. Para muchos observadores, la UE podría ejercer una supervisión más equilibrada que Estados Unidos o China, al estar menos expuesta tanto a presiones empresariales como a intereses geopolíticos vinculados al uso estratégico de esta tecnología. Sin embargo, cualquier acuerdo verdaderamente eficaz requerirá la participación activa de las dos grandes potencias tecnológicas.
La IA representa un riesgo demasiado elevado como para permitir que cada país o empresa avance sin restricciones.
Democracia, desigualdad y concentración del poder: los riesgos del mañana
Especialmente preocupante es la posibilidad de que, con el tiempo, la inteligencia artificial transforme profundamente el mercado laboral, incremente la desigualdad y concentre enormes cuotas de poder económico y político en manos de un reducido número de empresas y personas.
Si a ello se suman los demás riesgos asociados a esta tecnología, podríamos enfrentarnos a una amenaza real para la democracia. De hecho, algunos de estos procesos ya están en marcha. Quienes valoran la supervivencia del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, deben actuar para evitarlo.
La consecuencia más evidente es que una parte significativa de la riqueza y los ingresos generados por la IA deberá distribuirse de manera más equitativa. El momento de debatir y preparar esas respuestas es ahora.
Como advierte Martin Wolf, si esperamos demasiado, podría ser tarde. Y las consecuencias podrían resultar profundamente lamentables.
Fuente: https://www.ft.com/content/59024744-50bf-43f7-9d79-738deabc7a60?syn-25a6b1a6=1


