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Jul 25, 26
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La nueva guerra económica: China desafía a Occidente con el poder del neomercantilismo

Mientras Estados Unidos, China y la Unión Europea abrazan cada vez más políticas neomercantilistas, el comercio global deja de ser un espacio de cooperación para convertirse en un escenario de competencia geopolítica. La gran interrogante es quién impondrá las nuevas reglas del poder económico mundial.
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Martin Wolf, del Financial Times, advierte que vivimos en una era mercantilista. Esto amenaza tanto la estabilidad de la economía mundial como las relaciones entre las grandes potencias.

China está hoy mejor orientada al mercantilismo que Estados Unidos y la Unión Europea. Los mercantilistas buscan poder y seguridad o, en otras palabras, la capacidad de intimidar a otros y resistir, a su vez, cualquier intento de presión.

¿Cómo se pueden medir esas capacidades? Evaluando el tamaño económico, la autosuficiencia y el poder monopolístico.

Sin embargo, como ya lo argumentó Henry Kissinger, «ninguna nación puede lograr una seguridad absoluta», porque ello implica que las demás terminarán uniéndose para contrarrestar su poder.

China consolida su poder económico

China posee actualmente una economía de aproximadamente el mismo tamaño que la de Estados Unidos. Además, se encuentra en la frontera —o muy cerca de ella— en las tecnologías más importantes, incluida, cada vez más, la inteligencia artificial. Su progreso en este campo resulta asombroso.

Estados Unidos mantiene una mayor autosuficiencia energética. No obstante, China dispone de una fuerza laboral mucho más numerosa y de un volumen de ahorro e inversión considerablemente superior. En 2025, su ahorro nacional bruto representó el 43 % del PBI, frente al 17 % de Estados Unidos.

En 2024, el valor agregado manufacturero de China fue casi tan grande como el de Estados Unidos y la Eurozona juntos. Asimismo, su liderazgo en energías renovables y vehículos eléctricos se ha vuelto incuestionable.

Como señaló Bridgewater Associates en octubre de 2025, Estados Unidos es autosuficiente energéticamente gracias a su abundante producción de petróleo y gas, pero enfrenta limitaciones para ampliar su capacidad de generación eléctrica. China, por su parte, es autosuficiente en electricidad gracias al carbón y a las energías renovables, aunque mantiene vulnerabilidades en el abastecimiento de petróleo y gas. La guerra con Irán ha puesto de manifiesto esta debilidad.

El poder de las cadenas de suministro

China ha logrado construir poderosos monopolios en diversas cadenas globales de suministro. Entre ellas destacan la industria fotovoltaica solar, las baterías de ion-litio, las tierras raras, los imanes, el galio, el germanio y la construcción naval.

La capacidad de suministrar bienes que otros países no pueden producir constituye una importante fuente de poder coercitivo. Al mismo tiempo, su elevado grado de autosuficiencia reduce su vulnerabilidad frente a presiones externas, mientras que el tamaño de su mercado la convierte en un socio comercial indispensable para numerosas economías. En conjunto, la capacidad de China para ejercer poder económico resulta enorme.

Hoy ya se habla de un «segundo shock de China». En primer lugar, porque su macroeconomía es muy distinta de la existente antes de la crisis financiera mundial y del estallido de su burbuja inmobiliaria. Las exportaciones continúan creciendo, mientras que la demanda interna permanece estancada.

En segundo lugar, su superávit manufacturero equivale actualmente a alrededor del 2 % del PBI mundial, aproximadamente el doble del mayor superávit que Japón alcanzó en toda su historia.

En tercer lugar, y quizá el aspecto más importante, China registra un beneficio neto negativo inexplicable de aproximadamente US$ 125 000 millones sobre sus inversiones extranjeras netas. Según Brad Setser, bajo supuestos razonables sobre los ingresos generados por sus US$ 4 billones en activos externos netos, debería registrar un superávit cercano a US$ 100 000 millones. Como consecuencia, sostiene que el renminbi estaría actualmente alrededor de un 30 % subvaluado.

¿Quién ganará esta guerra económica?

En otras palabras, China continúa mostrando una característica clásica del mercantilismo: mantener de manera permanente elevados superávits comerciales y de cuenta corriente.

Como consecuencia, sus políticas resultan inevitablemente amenazantes para buena parte del mundo. Si un gran socio comercial mantiene enormes y persistentes superávits, los demás países necesariamente deberán asumir déficits.

Ello provoca la reducción de sectores especializados en bienes y servicios transables, además de generar crecientes desequilibrios financieros internos. A su vez, alimenta presiones proteccionistas como las que actualmente se observan tanto en Estados Unidos como, cada vez más, en la Unión Europea.

Sin embargo, las economías desarrolladas no son las únicas afectadas por el impulso de China hacia el dominio manufacturero. Como sostienen Shoumitro Chatterjee y Arvind Subramanian, también perjudica a numerosos países pobres, cuyo proceso de desarrollo industrial queda limitado.

Otro aspecto relevante es la desaceleración de la economía china. Su crecimiento ha descendido desde tasas superiores al 10 % hace dos décadas hasta aproximadamente el 4,3 % en el año concluido en el segundo trimestre de 2026. Incluso esta cifra probablemente sobreestima el verdadero crecimiento impulsado por el mercado.

Políticas cada vez más neomercantilistas

Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, la economía china ya no genera suficientes oportunidades de inversión para absorber sus enormes niveles de ahorro. Como advierte Stephen Roach, uno de los mayores especialistas en China, el tan necesario reequilibrio hacia un mayor consumo interno sigue sin producirse. Bajo el liderazgo de Xi Jinping, todo indica que esa prioridad continuará postergándose.

China se ha convertido en una potencia mercantilista altamente eficaz, aunque ni siquiera ella puede escapar completamente de las limitaciones de este modelo. Estados Unidos también ha adoptado una orientación mercantilista, aunque de manera mucho menos coherente, mientras que la Unión Europea parece verse obligada a avanzar en la misma dirección.

Hoy incluso se plantea incorporar una «cuenta de resiliencia» junto a la cuenta corriente, con el objetivo de medir el grado de dependencia geopolítica de cada país y la facilidad con la que puede abastecerse de bienes estratégicos sin recurrir a proveedores potencialmente hostiles.

La idea resulta ingeniosa. Pero la gran pregunta sigue siendo la misma: ¿quién ganará finalmente la guerra de los neomercantilistas?

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dennis
Formado en el Colegio La Inmaculada, Dennis Falvy es economista por la Universidad Católica, con licenciatura y bachillerato en Economía. Cuenta con una maestría en Proyectos de la UNI en colaboración con el BID y ha realizado estudios en la Universidad de Harvard, donde obtuvo una maestría en Administración. Ha ocupado puestos clave en el sector público y privado, incluyendo roles como Director de Planificación en MINCOM, Decano del Colegio de Economistas de Lima, y consultor financiero para empresas de navegación, minería, seguros, finanzas y turismo. Su trayectoria académica es amplia: ha sido profesor en ESAN, San Ignacio de Loyola, y jefe de prácticas en la Universidad Católica, además de conferencista en instituciones nacionales e internacionales. Con más de 5,000 artículos publicados, Dennis también ha dejado huella en medios de comunicación, tanto impresos como televisivos, y ha dirigido programas en TV abierta como Sentido Común, No Negociable, y A Título Personal. Su experiencia abarca roles como consultor de AID, evaluador de becarios Fullbright, y diputado nacional. Actualmente, se desempeña como asociado en Estudio Picón y continúa compartiendo su perspectiva económica a través del programa Cápsulas TV.
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