Opinión
EE.UU. COBRE
Oct 24, 26
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Cómo EE. UU. ha acumulado una reserva masiva de cobre sin gastar un solo dólar del Estado

Una amenaza arancelaria latente ha desatado una fiebre de importaciones especulativas en territorio estadounidense, concentrando el equivalente al 80% de las existencias bursátiles mundiales de cobre y alterando el mercado global.
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Mario Becedas y Vicente Nieves, en El Economista, señalan respecto al acopio de materias primas estratégicas que una parte esencial de esta preparación es precisamente dicho acopio. Mientras que China ha generado titulares por su mesiánico acaparamiento de insumos, Estados Unidos ha terminado de entender la importancia de esta dinámica y no se conforma solo con su histórica reserva estratégica de petróleo. En esa línea, Washington ha alumbrado iniciativas como el Proyecto Vault, una reserva estratégica de minerales en respuesta al repetido cerrojazo de China a la exportación de tierras raras. Sin embargo, lo que está ocurriendo con el cobre, un recurso más tradicional, plantea un escenario singular.

El protagonismo del metal rojo y la amenaza de aranceles

El doctor Cobre ha ganado un papel preponderante. Este insumo es un factor clave para la electrificación, y su demanda debería estar cada vez más dominada por una combinación de vehículos eléctricos, energía limpia, sistemas de almacenamiento en baterías conectados a la red y la expansión de la infraestructura de los centros de datos.

En medio de esta mayor impronta del metal rojo y buscando proteger y fomentar la producción local, la administración estadounidense encabezada por Donald Trump ha amenazado repetidamente con imponer aranceles a las importaciones del mismo. Esta suerte de amago continuo ha tenido un impacto tan significativo como peculiar.

Esta expectativa ha desatado una ola de compras especulativas de cobre en EE. UU. que están distorsionando los fundamentos. El mercado del metal ha registrado un importante excedente este año, y las existencias se sitúan en los niveles más altos desde principios de siglo. La mayor parte de estos inventarios se encuentra en Norteamérica, lo que refleja la adquisición excesiva y oportunista de metal refinado en previsión de posibles gravámenes a la importación introducidos por el presidente Trump.

Dato Clave:

  • Participación de EE. UU. en el consumo mundial: Solo el 6%.
  • Control de inventarios observables: Posee entre el 70% y el 80% de las existencias mundiales en bolsas.

Una reserva privada financiada por los operadores

La convicción de los analistas del banco suizo UBS es que estas cargas fiscales no se acabarán imponiendo y que la mera expectativa de las mismas ya está cumpliendo su cometido. Suponiendo que el objetivo final del mandatario sea crear una reserva estratégica de cobre en el país, su inacción está logrando precisamente eso, sin ningún costo para el erario público.

La reserva la están financiando los operadores y no los propios ciudadanos norteamericanos, pero a la hora de la verdad, llegado el cataclismo, se podría decir que todo ese cobre está en suelo americano. The Wall Street Journal, citando estimaciones de BMO Capital Markets, apunta que EE. UU. podría estar acumulando hasta dos millones de toneladas de cobre, una gigantesca reserva privada que se ha formado prácticamente por generación espontánea. El origen de esta situación se remonta a julio de 2025, cuando Trump impuso aranceles a determinados productos elaborados con el material, como los cables, pero dejó fuera al metal refinado que emplean los fabricantes. La Casa Blanca encargó entonces un estudio para determinar si también debía gravar estas entradas, una incógnita que sigue sin despejarse.

Escasez artificial en Europa y Asia y riesgo de precios récord

Los compradores estadounidenses han acelerado sus adquisiciones para adelantarse a una posible subida de los costos, aprovechando que el recurso cotiza habitualmente con una prima en EE. UU. respecto a otras plazas. Los futuros del metal acumulan una subida superior al 16% en lo que va del año, y algunos analistas empiezan a sospechar que la incertidumbre arancelaria no es un accidente de la política comercial estadounidense, sino precisamente el mecanismo que está permitiendo construir esta reserva de seguridad.

Y es que, una vez que el material llega a territorio norteamericano, deja de estar disponible para su adquisición por parte de los centros de demanda del resto del planeta. Entre EE. UU. y China, ambos países podrían haber retirado de la circulación alrededor del 70% de las existencias mundiales antes de que termine el año.

La consecuencia podría ser una escasez artificial para los compradores de Europa y Asia, incluso aunque las estadísticas globales sigan mostrando abundantes inventarios externos, que son ya muy escasos. Asimismo, existe un escenario extremo en el que el precio del cobre se dispare un 50% el próximo año, hasta los diez dólares por libra, equivalentes a unos 22,050 dólares por tonelada. Ese sería, a juicio de los expertos, el nivel necesario para obligar a algunos consumidores industriales a sustituir el cobre por aluminio, un conductor eléctrico más económico, aunque menos eficiente.

El dilema del acopio privado frente a una reserva pública

Se confirma que el desplazamiento de los inventarios hacia EE. UU. está adquiriendo dimensiones extraordinarias. Se calcula que los depósitos estadounidenses de COMEX y de la Bolsa de Metales de Londres (LME) han aumentado en unas 400,000 toneladas adicionales durante 2026, un incremento cercano al 90%, tras el fuerte trasvase registrado en 2025.

Las existencias norteamericanas representan ahora más del 80% de los inventarios mundiales de las bolsas, mientras que los almacenes de la LME situados fuera del país, principalmente en Asia, contienen menos de 200,000 toneladas. UBS atribuye esta concentración a la posibilidad de que Washington imponga un arancel del 15% al cobre refinado en 2027.

No obstante, esta acumulación también encierra un riesgo para el propio mercado. UBS advierte de que una decisión definitiva sobre los aranceles podría cambiar radicalmente el sentido de los flujos comerciales. Si finalmente no se imponen gravámenes, parte del metal almacenado en EE. UU. podría regresar a los mercados internacionales y provocar una corrección de los precios con consecuencias bajistas significativas.

Esta es precisamente la gran diferencia entre una reserva estratégica pública y el acopio privado que promueve indirectamente la administración actual: el Gobierno no ha tenido que comprar el metal, pero tampoco controla plenamente las decisiones de los operadores. Si los incentivos económicos cambian, las mismas empresas que llevaron el insumo a Norteamérica podrían decidir sacarlo del país.

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dennis
Formado en el Colegio La Inmaculada, Dennis Falvy es economista por la Universidad Católica, con licenciatura y bachillerato en Economía. Cuenta con una maestría en Proyectos de la UNI en colaboración con el BID y ha realizado estudios en la Universidad de Harvard, donde obtuvo una maestría en Administración. Ha ocupado puestos clave en el sector público y privado, incluyendo roles como Director de Planificación en MINCOM, Decano del Colegio de Economistas de Lima, y consultor financiero para empresas de navegación, minería, seguros, finanzas y turismo. Su trayectoria académica es amplia: ha sido profesor en ESAN, San Ignacio de Loyola, y jefe de prácticas en la Universidad Católica, además de conferencista en instituciones nacionales e internacionales. Con más de 5,000 artículos publicados, Dennis también ha dejado huella en medios de comunicación, tanto impresos como televisivos, y ha dirigido programas en TV abierta como Sentido Común, No Negociable, y A Título Personal. Su experiencia abarca roles como consultor de AID, evaluador de becarios Fullbright, y diputado nacional. Actualmente, se desempeña como asociado en Estudio Picón y continúa compartiendo su perspectiva económica a través del programa Cápsulas TV.
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