Me harta la cantidad de ignorantes supinos, así como los que alaban nuestro turismo, el que apenas anda por algo más de 3 millones de visitantes año; es decir, una miseria de lo que es el turismo mundial. Un desastre que va in crescendo.
Cuando se analizan las cifras económicas de economías emergentes como la de Perú, es común ver que las autoridades y “sonsonazos” comparan indicadores como la inflación con las de potencias mundiales (EE. UU., Alemania o el Reino Unido).
A nivel puramente técnico, esta comparación porcentual busca demostrar predictibilidad ante los mercados internacionales y mantener baja la prima de riesgo soberano. Sin embargo, este análisis de escritorio suele omitir variables estructurales críticas que marcan la verdadera distancia entre ambas realidades.
Para entender por qué una inflación «controlada» bajo estándares internacionales suena ajena para el ciudadano de a pie, es indispensable poner sobre la mesa tres realidades ineludibles:
1. La ilusión de los ratios frente al consumo
- La ilusión de los ratios frente a la composición del consumo: La inflación se mide en porcentajes, lo que facilita la comparación estadística. Sin embargo, las canastas de consumo son diametralmente opuestas. En economías con altos niveles de pobreza, el grueso del presupuesto familiar se destina estrictamente a alimentos básicos. Un aumento de precios en la comida golpea de forma desproporcionada al consumidor local, un impacto que un indicador agregado y promediado al estilo de los países desarrollados no logra visibilizar con precisión.
2. La ineficacia monetaria sin bancarización
- La ineficacia de la política monetaria en economías no bancarizadas: Los bancos centrales de economías avanzadas controlan la liquidez subiendo o bajando las tasas de interés porque operan en sociedades mayoritariamente b En contextos donde la informalidad laboral supera el 70% y el efectivo manda en el día a día, los mecanismos tradicionales de transmisión monetaria pierden fuerza. El dinero se mueve fuera del circuito financiero formal, haciendo que las decisiones de la tasa de referencia tengan un impacto limitado en la economía real de la calle.

3. El peso del delito y las economías ilícitas
- El peso de las economías ilegales y la seguridad ciudadana: Ninguna fórmula macroeconómica tradicional pondera de manera efectiva los costos de la delincuencia organizada, la extorsión o el flujo inyectado por actividades como la minería ilegal y el narcotráfico. Estos fenómenos no solo generan distorsiones cambiales debido al flujo subterráneo de divisas, sino que actúan como un impuesto directo y violento sobre los microempresarios. La inflación técnica puede estar en el rango meta, pero la criminalidad destruye los márgenes de ganancia y el bienestar familiar.
4. Privilegio global frente a la vulnerabilidad
- El dólar como privilegio global vs. La vulnerabilidad local: Finalmente, no se puede equiparar la gestión cambiaria de un país en desarrollo con la de Estados Unidos, poseedor del «privilegio exorbitante» de emitir la moneda de reserva mundial. Ante cualquier crisis global, el capital se refugia en el dólar, mientras que las monedas locales sufren presiones inmediatas de devaluación si no demuestran una disciplina fiscal rígida ante las calificadoras de riesgo.
En conclusión entonces: La gestión monetaria técnica es indispensable para mantener al país conectado al crédito internacional y evitar colapsos hiperinflacionarios, pero es un error confundir la estabilidad cambiaria con el desarrollo económico. Las herramientas monetarias solo defienden el valor de la moneda; la solución a los problemas estructurales de informalidad, ilegalidad y seguridad recae estrictamente en políticas públicas y reformas institucionales que hoy siguen pendientes.
Hay además y es grave, una desconexión entre la macroeconomía y la microeconomía en las regiones. Pero variables como la informalidad, la economía ilegal, la inseguridad y la inmensa cantidad de personal burócrata y simplón, además de enormes gastos corrientes en el presupuesto peruano, es sencillamente terrible, asqueroso, da realmente “cosa”.