La historia registra que el 20 de octubre de 1687 a las 4 am hubo un sismo de 15 minutos de proporciones siniestras. Pasado el prolongadísimo sacudón, la población comenzó a reaccionar.
El Virrey Duque de la Plata impartió de inmediato las órdenes adecuadas y la gente ya se estaba tranquilizando, cuando a las 6 y 30 de la mañana, volvió a crujir la tierra otro fortísimo y largo sismo. La destrucción fue total. El puerto del Callao, aparte de los estragos del sismo, sufrió las gravísimas consecuencias y muertes.
En la provincia de Lima, en una extensión como de 200 leguas; el trigo encareció y dejó de producirse en la costa del Perú y desde entonces se tuvo que importar de Chile.
Un nuevo terremoto sumamente violento se registró el 10 de noviembre, prolongándose las réplicas hasta el día 2 de diciembre, cuando se agravó la situación, por haberse difundido la noticia falsa de una salida del mar.
Aquel mismo día, un copioso aguacero trajo por tierra los restos de las construcciones que aún se mantenían en pie. Curiosamente, después del chubasco, los temblores cesaron de producirse. De allí vinieron enfermedades que mataron a más gente que el mismo sismo.
Cristo de Pachacamilla
Fue por estos sismos, que salió a las calles una réplica de la imagen del Cristo de Pachacamilla, que había quedado incólume de un sismo de 1655, lo que fue considerado como un prodigio. De allí nació la procesión del señor de los milagros.
El Instituto Geofísico del Perú, advierte recurrentemente de un sismo fenomenal y dantesco para la costa limeña. Y señala que los temblores de menos de 5 grados, no liberan gran cantidad de energía.
Hace un lapso hubo uno de 5.2 en la zona. La escala de medición de los sismos es semilogarítmica y al pasar de un grado a otro, se exponencia el daño. En la de Richter cada unidad equivale a 32 veces la anterior, es decir, uno de 5 grados es 32 veces más fuerte que el de 4.
En el 2010 Haití, luego de 250 años de silencio, el 12 de enero, el terremoto dejó 222,570 muertos y un millón y medio de damnificados, pérdidas de USD 8,000 millones y ayuda internacional complicada por falta de lugares en donde aterrizar. El sismo más devastador ocurrió en Callao el 28 de octubre de 1746, luego de uno terrible en 1687. Fue de casi 9 MW y más de tres minutos en la escala del momento y luego maremoto. Sólo 200 de los 5,000 habitantes del Callao sobrevivieron.
Asimismo, en el 2010, una recreación en 3D de la empresa Arvo Corporación, mostró el impacto de un maremoto similar al de 1746. Esto hecho con drones de gran potencia, mostró que cientos de casas quedarían bajo el agua.
Pronósticos terribles
Las simulaciones del Centro Peruano-Japonés de Investigaciones Sísmicas y Desastres (Cismid), entidad de la UNI, indican que un terremoto de 8.5 grados provocaría 15 metros de profundidad. Y se dio consejos de usar edificios que alcanzaría para la mitad de la población punteña. Esto se complicaría más si el maremoto ocurre en temporada de verano, en que se recibe 30 mil visitantes.
La propuesta, del 2015, tuvo de recomendación un refugio para 10 mil personas con una estructura de columnas y elevación de 14 metros. Se ubicaría en un terreno de 30 mil m2 que el Callao le cedió a La Punta, en la playa Carpayo. Nada se ha hecho. Ello es criminal.
El 19 de octubre de 1609, la ciudad de Lima y el puerto del Callao fueron sacudidos por “un violento temblor que derribó y arruinó muchas de sus edificaciones. Antes del movimiento principal hubo como nueve temblores menos fuertes”, lo que dejó a su paso destrucción y miedo entre los habitantes de la Lima virreinal.
Cabe recordar que “La Ciudad de los Reyes o Lima se encuentra situada en una región donde son muy frecuentes los movimientos sísmicos. A lo largo del XVII abundaron; unos apenas si tuvieron consecuencias, otros causaron grandes estragos”.
Aunque no existen registros técnicos que permitan determinar la magnitud exacta del sismo, los relatos de la época describen cómo el movimiento telúrico derrumbó numerosas construcciones, afectando tanto a edificaciones civiles como a templos y viviendas que no resistieron la fuerza del evento.
Pedro de Oña, quién vivió el suceso, en El temblor de Lima (1609) nos dice: “Empieza un repentino estruendo, y con vaivenes a moverse estraños la firme tierra, y cuanto carga encima, como resuelta de arrasar a Lima”.
Hernan Tavera y y científicos del Instituto Geofísico peruano (IGP) así como expertos en el tema han venido señalando recientemente que tenemos casi 280 años de silencio sísmico, dado que para ellos el terremoto del año 1746 ocurrido en Lima y Callao es el emblemático por su destrucción intensidad y magnitud. Mas aún que el de 1940 en Lima y Callao, fue asimismo terrible. Y otro previo en 1687 de doble sismo.
Para ellos los otros terremotos de 1966, 1970 y 1974 acaecidos en Lima y el del 2017 con base en Pisco e Ica, no cuentan mucho como enormes desastres para la capital peruana.

Advierten sismo de más de 8 grados
Tavera explicó que a Lima le espera uno de más de 8 grados con tsunami incluido y la dimensión de este pronóstico es por el silencio sísmico de las placas que están en la costa de Lima, Moquegua y Tacna. “El movimiento podría ser comparable con el de Chile que ocurrió en el 2010”. Sobre los daños que causaría en la ciudad indicó que: “cuanto más cerca de la superficie ocurra el sismo, más daño causará. Ha habido casos en donde temblores de 7.3 en la ciudad no ocasionaron daños porque estos se localizaron a 700 kilómetros de profundidad”.
El sismo del 27 de febrero de 2010 en Chile frente a las costas de la sureña región del Maule fue sucedido de un tsunami y causó la muerte de 500 personas y daños materiales evaluados en unos 30.000 millones de dólares.
El experto indicó que la creencia de que cada vez que cuando ocurre un temblor fuerte el clima tiene que variar es “porque los peruanos tenemos mucha afinidad para relacionar los sucesos. No es un patrón. Que haya ocurrido un par de veces no quiere decir que sea necesariamente por ello”.
En rigor, los sismos pequeños no ayudan a liberar energía ya que estás están representadas en escalas exponenciales señaló Tavera. “La energía que emite un temblor de magnitud 5 ha sido comparada con la que emite una bomba de Hiroshima, uno de 6 equivaldría a 30 mil bombas, uno de 7 a 900 mil bombas y así sucesivamente”.

Terremoto en Pisco
Es 15 de agosto de 2007 a las 18:40 se produjo el terremoto de 7.9 que tuvo su epicentro a 40 kilómetros al oeste de Pisco. El número de muertos llegó a 597 personas y 1,289 resultaron heridas. Los inmuebles destruidos o seriamente afectados llegaron a 91,240. Los damnificados superaron los 400 mil. Monumentos históricos como la Reserva nacional de Paracas y la iglesia del Señor de Luren registraron serios daños en su infraestructura. Lo mismo pasó en la cárcel de Tambo de Mora, de donde huyeron 630 presidiarios luego de que un muro se derrumbó, 242 de ellos regresaron por su propia voluntad para no agravar su situación penal.
Hace años un estadounidense Brady pensó que tendríamos un terremoto de gran magnitud y afortunadamente no sucedió aunque hubo alerta amarilla.
Los expertos, sin embargo, señalan que el verdadero silencio sísmico data del año 1746 en que un enorme terremoto con tsunami, desapareció gran parte del Callao (la Punta incluida) y la ciudad de Lima y allí el Virrey conocido luego como Conde de Superunda, luego, es decir José Antonio Manso de Velasco tuvo una labor encomiable en la reconstrucción de las ciudades afectadas.

Lo que importa ahora es que esto ocurrirá tarde o temprano. Y la pregunta es: ¿aquello de los simulacros que se toman a la broma y asimismo lo de la mochila salvadora es suficiente?, ¿se imaginan lo que sería Lima con más de 12 millones de habitantes sin agua, luz, salud y etc. Amén de las construcciones precarias.

Quiera Dios que de ocurrir, sea lo más alejado de la superficie, como acota Hernán Tavera, pues ello es una variable que amortigua el siniestro como señalan los científicos. Pero en realidad lo que importa y en serio es el post desastre. Y sobre ello no hay nada. Porque en el Perú está la frase después de robado candado funciona. Pero en lo particular. En lo general, las bajas de seres humanos, como lo fue en el al año 1940 con el terremoto, pueden ser mayores que en el mismo terremoto. Y no sólo por enfermedades, sino incluso por pillaje.
Nadie dice ni hace nada
Estamos advertidos pues y nadie dice nada. Ni siquiera somos capaces de ordenar el tráfico. La verdad es que la institucionalidad y los diversos gobiernos nos agobian y son preocupantes en su gestión. Y la Punta y el Callao pese a que científicos han hecho recomendaciones de construir edificios de altura anti sísmicos, no hacen caso alguno.

Por ello una síntesis de lo del viernes 28 de octubre de 1746, en que a las 10:30 p.m., los habitantes de Lima fueron sorprendidos por las violentas sacudidas de la tierra que obligaron a todos a salir de sus casas y buscar los lugares descampados. Por desdicha no todos pudieron hacerlo y aun aquellos que ganaron la calle vinieron a sucumbir al derrumbarse los muros adyacentes. La confusión y el espanto cundieron por toda la ciudad e hizo que fuese mayor el desconcierto la circunstancia de la hora, aun cuando la oscuridad no era tanta por la iluminación de la luna.
La duración del sísmo, según las relaciones del tiempo, fue de tres a cuatro minutos, tiempo más que suficiente para una destrucción total de la ciudad. Lima tenía 60,000 habitantes y contaba con 3,000 casas, repartida en 150 manzanas. Cayeron las partes altas de templos, conventos, mansiones y diversas construcciones; culminado el sismo nubes de polvo ocultaron la visión de la población.
No es posible dar otras indicaciones del fenómeno porque no las traen las noticias de la época, salvo lo que dice el Marqués de Obando sobre la dirección del movimiento: que su mayor ímpetu parecía venir del noroeste. Según las descripciones que nos han llegado debió ser de magnitud 9.0 Mw en la escala de momento.
Noche angustiante
La noche fue verdaderamente angustiante, aun sin saberse todavía en Lima la desgracia del vecino puerto del Callao, que fue arrasado por un maremoto. Muchos, para no quedar sepultados entre las ruinas, así como para hallar amparo en la compañía de los demás, se refugiaron en la Plaza Mayor y otros se retiraron al fondo de sus huertas, de modo que en las casas que aún permanecían en pie o entre los escombros de otras reinaba un gran silencio, como lo advierte en su relación el autor antes citado.
En medio de tan grande confusión y sucediéndose las subsiguientes réplicas, aunque ya no con tanta violencia, no se hizo posible acudir al auxilio de los heridos y de los que gemían sepultados bajo las ruinas. Algunos fueron extraídos de entre los escombros después de haber pasado uno y aun dos días sepultados. Pocos pudieron conservar en aquellos instantes bastante serenidad de ánimo para acudir al socorro de los demás.

La procesión del Señor de los Milagros se realizó por primera vez después del devastador terremoto de 1687, cuando el muro otra vez se mantuvo en pie. Se hizo una réplica en lienzo que salió en procesión desde el humilde barrio de Pachacamilla -hoy distrito del Rímac- hasta la pluricultural Plaza Mayor y las principales calles de la ciudad, y los Barrios Altos. Se declara como fiesta oficial después del terremoto de octubre de 1746.
Ciudad en ruina
Amaneció el día sábado 29 de octubre y los ojos de los sobrevivientes contemplaron con espanto la ruina de la ciudad. De las tres mil casas que componían las ciento cincuenta islas o manzanas que se encerraban dentro de las murallas de Lima, apenas veinticinco se mantuvieron incólumes. Las calles se veían obstruidas por los escombros y el interior de los edificios ofrecía un aspecto desolador. Las torres de la Catedral se desplomaron y cayeron sobre las bóvedas destruyéndolas. Otro tanto sufrieron las torres de las iglesias de San Agustín, La Merced y San Pablo de la Compañía. Prácticamente todas las iglesias, conventos, monasterios, capillas y hospitales, sufrieron más o menos iguales destrozos.
El arco magnífico que estaba a la entrada del Puente de Piedra, coronado por la estatua ecuestre del rey Felipe V (cuya muerte, acaecida el 9 de julio de ese año, se ignoraba todavía en el Perú), se vino al suelo, quedando la escultura desgajada en el suelo y entorpeciendo el paso. En el Palacio virreinal, no quedó un lugar habitable y el Virrey hubo de acomodarse en una barraca de tablas y lona, pero no estaba en mejores condiciones el Santísimo Sacramento que del Sagrario fue conducido a una ramada que se improvisó en la Plaza mayor. El edificio del Tribunal del Santo Oficio quedó igualmente en ruinas.
Desde las primeras horas del día comenzaron a circular voces sobre la destrucción del Callao y el virrey envió a aquel puerto a algunos soldados de a caballo, a fin de cerciorarse del hecho. Estos trajeron la confirmación del desastre y a poco ya toda la ciudad lo sabía, pues a ella llegaron también unos cuantos sobrevivientes de la embestida del mar.
Horrendo, apocalíptico
Lo que contaron dichos sobrevivientes fue algo horrendo, con ribetes apocalípticos. Media hora después del terremoto se había entumecido el mar y elevado a enorme altura, y con horrible estruendo se había precipitado por dos veces sobre la tierra, que la inundó y barrió todo lo que encontró a su paso. Del antiguo puerto sólo quedaron unos cuantos restos de la muralla y el arranque de las paredes de algunos edificios. El Marqués de Obando, Jefe de la Escuadra y General de la Mar del Sur, dice que los cuatro mayores navíos que había en el puerto, soltando las anclas fueron lanzados por encima del presidio y vinieron a varar el uno dentro de la plaza, el otro, cargado de trigo, a escasa distancia del anterior y los otros dos hacia el sudeste, como a distancia de un tiro de cañón de los baluartes.
El número de los que perecieron en el puerto se calcula en unos cuatro a cinco mil, prácticamente toda la población; sólo se salvaron 200 personas. En un lienzo de muralla lograron salvarse un religioso y unas treinta personas. Otros, en su mayoría pescadores o marineros, acogidos a las tablas y maderos que sobrenadaban fueron arrojados más tarde a las playas o bien a la isla de San Lorenzo. El mar se retiró, pero no volvió a su límite antiguo. Esto significa que hubo una subsidencia ecosismica, es decir, toda la zona del Callao se hundió después del terremoto.