Hay una variable que pasan por alto muchas personas y ella es el tamaño de población humana en el planeta Tierra, la que se señala eran por 250,000 habitantes, hasta que se llegó a 1,000 millones y en el año 1800 a 1,500 millones.
Malthus irrumpió el tema con cálculos de progresiones aritméticas para alimentos y geométricas para crecimiento poblacional.
En el año 1945 éramos 2,500 millones luego de que 2 bombas atómicas explotaron en Japón y hoy somos 8,200 millones de los que China e India son juntos unos 2,800 millones y en pocos años pasaremos los 10,000 millones de habitantes.
Leo un escrito de Platon, el brillante filósofo griego autor de La República, y a mi juicio sensacional, a pesar de paso de los años.
Que gobiernen los sabios
Mi amigo Gonzalo me envía una nota en la que señala: ¿Si te dijera que uno de los filósofos más importantes de la historia odiaba la democracia?
Platón la veía como una amenaza. Dejar que cualquiera vote podía ser peligroso. Platón vivió el juicio a Sócrates, vio cómo la democracia, el mismo pueblo, condenaba a muerte a su maestro por pensar distinto. Desde entonces, desconfió.
En La República describe su ciudad ideal: el pueblo no elige, gobiernan los sabios, los que saben. Suena antidemocrático. Lo es.
Pero espera un segundo.
Imagínate un barco en medio del mar: ¿le darías el timón al capitán que estudió navegación o al pasajero más carismático? Para Platón, la democracia es ese barco, dominado por el aplauso, no por el conocimiento.
Decía que una sociedad donde todos votan, sin saber, es terreno perfecto para la manipulación y los discursos vacíos.
¿Su solución? Los filósofos-reyes: gobernantes formados, éticos, que buscan el bien común antes que la popularidad.
Idealista, sí. Pero también una advertencia.

Democracia no es un regalo
Porque Platón entendía que la democracia sin educación es un arma cargada. Y los demagogos lo saben.
Entonces, ¿qué piensas? ¿Todos deberían votar incluso sin entender lo que eligen?
¿O Platón tenía un punto?
La democracia no es un regalo, es una responsabilidad que se construye o se destruye con cada decisión.
Esta nota explica, por lo menos en parte, la absurda y denominada “Clase Política peruana” que supera a lo que Platón odiaba con creces en su maledicencia, supina ignorancia, delitos y faltas.
Baste ver los últimos presidentes, gabinetes, alcaldes, gobernadores, parlamentarios, representantes del sistema jurídico e instituciones varias, de un país como Perú con una extensión de 1,285,0000 Km2, con 34 millones de habitantes y apenas ¼% del 1% del PBI Mundial y que poco o nada somos, aunque vaya que somos charlatanes y pagados de nuestra suerte.
Para mayor Inri transcribo una nota estupenda publicada por la BBC News Mundo en el año 2021 en que Platón sustenta, en su época, que la democracia era una de las peores formas de gobierno.
Razonamiento de Platón
Y así empieza: Si estuvieras en medio del océano en un barco, ¿qué harías:
A. convocarías una elección para ver como pilotear el barco o…
B. tratarías de averiguar si hay alguien a bordo experto en hacerlo?
Si escogiste B, presuntamente piensas que los conocimientos especializados son útiles en este tipo de situaciones… no quieres que meros aficionados estén adivinado qué hacer cuando se trata de asuntos de vida o muerte.
¿Y qué opinas cuando se trata de quienes pilotean el gran barco que es un Estado?
¿No sería también más efectivo encontrar a alguien experimentado para que fuera el líder en vez de votar?
Eso es lo que Platón, el gran filósofo de Atenas -la cuna de la democracia-, alegó hace unos 2.400 años en el libro VI de la «República», uno de los primeros y más influyentes textos sobre… casi todo: justicia, naturaleza humana, educación, virtud.
Pero también sobre gobierno y política.
Está escrito en la forma de una serie de diálogos, entre ellos una conversación entre Sócrates, su maestro, y algunos amigos sobre la naturaleza de los regímenes y las razones por las cuales uno es superior a otro.
En ella queda en evidencia que su opinión sobre la democracia -en griego «el gobierno del pueblo»- como proceso para decidir qué hacer, era poco favorable.

Sobre la votación
Incluso votar por un líder le parecía arriesgado pues los electores eran fácilmente influenciados por características irrelevantes, como la apariencia de los candidatos; no se daban cuenta de que se requieren calificaciones para gobernar, así como para navegar.
«Los expertos que Platón quería al timón del buque del Estado eran filósofos especialmente entrenados, escogidos por su incorruptibilidad y por tener un conocimiento de la realidad más profundo que el común de la gente», explicó el filósofo Nigel Warburton en la serie BBC History of Ideas.
En esa forma de gobierno era la aristocracia -griego para «el gobierno de los mejores»-, donde unos pocos se pasarían la vida preparándose para el liderazgo, los que se encargarían de dirigir la República, de modo que pudieran tomar decisiones sabias para la sociedad.
«Aunque sus puntos de vista eran indiscutiblemente clasistas, Platón creía que esos aristócratas gobernarían desinteresada y virtuosamente», explica la filósofa Lindsey Porter en una animación de BBC Ideas.
Advierte de la corrupción
Sin embargo, esta sociedad ideal estaría en constante peligro de derrumbarse. «Anticipó que los hijos de los hombres sabios y educados se corromperían con el tiempo por los privilegios y el ocio, que terminarían preocupándose únicamente por la riqueza, y la aristocracia se convertiría en una oligarquía, que en griego significa ‘el gobierno de unos pocos'», señala Porter.
Estos nuevos gobernantes ricos y mezquinos estarían obsesionados con equilibrar el presupuesto. La austeridad dominaría y la desigualdad aumentaría.
«A medida que los ricos se hacen cada vez más ricos, cuanto más piensan en hacer una fortuna, menos piensan en la virtud», escribió Platón.
Al crecer la desigualdad, los pobres incultos terminarían superando en número a los acaudalados.
Eventualmente, los oligarcas serían derrocados y el Estado colapsaría en una democracia.
Para nosotros, tan acostumbrados a escuchar alabanzas a la democracia, suena rara la idea de que en ese recuento de gobiernos que se hunden de formas superiores a inferiores, ocupe el tercer lugar, después de la aristocracia y la oligarquía.
No sólo eso: en la «República», el Sócrates imaginado por Platón señala que esa democracia, una «forma agradable de anarquía», a su turno, como cualquier otro régimen, se derrumba por sus propias contradicciones.
Democracia da luz a la tiranía
Al igual que de la aristocracia nacería la oligarquía y de ésta, la democracia, ese «gobierno del pueblo» a su vez daría luz a la tiranía.
Aquí va otro concepto difícil de concebir. Básicamente, la idea es que una vez que la gente tiene libertad, quiere aún más.
Si la libertad a cualquier precio es el único objetivo, se produce un exceso de libertad que genera un exceso de facciones y una multiplicidad de perspectivas, la mayoría de las cuales están cegadas por intereses estrechos.
Quien desee ser líder debe entonces halagar a esas facciones, complacer sus pasiones, y ese es un terreno fértil para el tirano, que manipula a las masas para «dominar la democracia», según Platón.
Es más, esa libertad ilimitada degenera en histeria colectiva. Es entonces cuando la fe en la autoridad se atrofia, la gente se inquieta y cede a un demagogo estafador que cultiva sus miedos y se posiciona como protector.
Los antiguos atenienses tenían una democracia directa, así que el electorado votaba casi todo. Básicamente, referendos interminables.
«Hoy en día hay muchas instituciones a la mano que no existían en la época de Platón: la democracia representativa, la Corte Suprema, leyes de Derechos Humanos, educación universal…», señala la filósofa Lindsey Porter.
«Sirven de salvaguardas para controlar el gobierno de una multitud desconsiderada», añade.
Alerta por Trump
Sin embargo, en los últimos años, la emergencia de líderes del estilo de Donald Trump han hecho resonar las advertencias de «La República» entre varios analistas, entre ellos el comentarista político Andrew Sullivan, quien en 2017 le dio voz a sus cavilaciones en un impactante video de BBC Newsnight.
Con Platón como su estrella polar, resalta que este tipo de personajes «suele ser de la élite, pero está en sintonía con la época. (…) Se apodera de una turba particularmente obediente y tildando de corruptos a sus pares ricos.(..
«Finalmente, se queda solo, ofreciéndole a los ciudadanos confundidos, distraídos y autoindulgentes una especie de alivio de las interminables opciones e inseguridades de la democracia (…) y se ofrece a sí mismo como la respuesta personificada a todos los problemas.
«Y con el público emocionado por él como una posibilidad de solución, una democracia voluntaria e impetuosamente se autoanula».
Para la filósofa Porter hay algo más que destacar.
Aunque la idea de ser gobernados por aristócratas nos haga ruido, de fondo lo que estaba deseando era un liderazgo de personas desinteresadas en los placeres vagos, pues así serían incorruptibles y, gracias a su educación, tomarían decisiones sabias destinadas a la virtud.
Líderes que se preguntarían constantemente: «¿Cuál sería el curso de acción más justo y prudente?».
«Esa es la clave para Platón: tomar decisiones justas, prudentes y sabias. Que gobernara la virtud, no la pasión».