Opinión
Finanzas
Ago 12, 26
1171

“Nothing Never Happens”: La apuesta de que en 2026 no pasará nada pone a prueba a la Fed

Mientras los mercados apuestan por la continuidad y la calma, la Reserva Federal enfrenta un escenario en el que inflación, petróleo, aranceles y tecnología podrían alterar rápidamente el tablero financiero.
Opinión

“Nothing never happens”, es decir, “aquí no pasa nada”, es una famosa frase que pronunciara hace muchos años el notable HH Martínez Morosini en relación con el fútbol. También existe una canción de la banda escocesa Del Amitri, publicada en 1989, que habla sobre la monotonía, el tedio y la rutina gris de la vida cotidiana en la ciudad. La expresión se utiliza, además, como meme en internet para describir una sensación de estancamiento social o la falta de cambios reales frente a los grandes problemas del mundo.

En los mercados financieros, sin embargo, apostar a que “no pasa nada” puede resultar bastante más peligroso. Polymarket es actualmente uno de los mayores mercados de predicciones del mundo. Permite a los usuarios comprar y vender participaciones sobre el resultado de acontecimientos reales, desde elecciones y variables económicas hasta deportes y cultura, utilizando la criptomoneda USD Coin (USDC) a través de la red Polygon.

Una apuesta con nombre propio

La plataforma ofrece un contrato particularmente llamativo: “Nothing Never Happens: 2026”, una apuesta bautizada con un mantra muy utilizado por traders alcistas y por los usuarios de internet.

Si ninguno de los aproximadamente doce acontecimientos incluidos en el contrato ocurre durante el año, el participante obtiene un retorno cercano al 30%. Para ello tendría que cumplirse una larga lista de escenarios: que Donald Trump y Xi Jinping no dimitan, que el precio del bitcoin permanezca entre 10.000 y 1 millón de dólares y que el planeta no sufra un gran terremoto, una erupción volcánica o el impacto de un meteorito, entre otros supuestos. Si ocurre uno o más de esos acontecimientos, el apostante pierde todo.

Kevin Warsh parece estar realizando, a su manera, una apuesta parecida. The Economist no conoce las opiniones de Warsh sobre volcanes o meteoritos, pero su peculiarmente reservada actuación durante una rueda de prensa posterior a una reunión de política monetaria hizo temblar a los mercados.

El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años aumentó ese día y cerró la semana por encima del 4,7%, cerca de un máximo de tres años, antes de retroceder ligeramente. Las acciones, especialmente las tecnológicas sensibles a los tipos de interés, también se tambalearon, pese a que la Reserva Federal mantuvo sin cambios su tasa de referencia.

Warsh parece confiar en que, si mantiene silencio sobre los próximos movimientos de la Fed, los propios mercados ofrecerán su veredicto sobre el estado de la economía. Puede permitirse el experimento mientras los movimientos sean pequeños. Pero si ocurre algo grave, la incertidumbre sobre la respuesta del banco central podría agravar las consecuencias.

Grietas en el optimismo tecnológico

La pregunta es cuánto tiempo podrá la Reserva Federal conservar ese margen de ambigüedad. Ya se observa una venta masiva de acciones vinculadas con la inteligencia artificial, tanto en Estados Unidos como, especialmente, en Corea del Sur. Cuando estalló la burbuja de las empresas puntocom en 2000, el desplome bursátil terminó afectando a la economía mundial y contribuyó a una recesión. Hoy existen señales preocupantes de que algunas grandes apuestas tecnológicas comienzan a torcerse y generan dudas entre las firmas de inversión.

Situational Awareness, un fondo de cobertura multimillonario, ha sufrido fuertes pérdidas durante el último mes. La presión lo obligó a desmantelar posiciones con rapidez, hasta el punto de que Citadel, un fondo considerablemente mayor, pudo adquirir buena parte de sus activos cotizados con descuento.

Por ahora, el daño parece contenido. Algunas acciones relacionadas con la inteligencia artificial han recuperado parte del terreno perdido y el Nasdaq, aunque se encuentra alrededor de 3% por debajo de su máximo de junio, continúa en terreno positivo desde comienzos de año. Pero si las empresas tecnológicas estadounidenses pierden más brillo, las consecuencias podrían trascender Wall Street y afectar a la propia economía.

Actualmente, el estatus del dólar como activo de refugio depende en buena medida del apetito de los inversores extranjeros por las acciones estadounidenses. Los bonos del Tesoro resultan menos atractivos después de años de elevados déficits presupuestarios y ante el repunte de la inflación.

En abril pasado, tras el anuncio de los aranceles del denominado “Día de la Liberación”, Estados Unidos pudo comprobar brevemente cómo sería un escenario en el que los inversores internacionales decidieran desprenderse simultáneamente de distintos activos denominados en dólares.

El petróleo y la sombra de los aranceles

Otro foco de riesgo se encuentra en el estrecho de Ormuz. Prácticamente ningún petróleo ha atravesado ese estratégico paso, provocando un fuerte incremento de los precios. El barril de crudo Brent, referencia internacional, alcanza ahora los 80 dólares, frente a los aproximadamente 70 dólares de comienzos de julio. En Estados Unidos, los precios de la gasolina superan ampliamente los 4 dólares por galón, frente a los cerca de 3 dólares registrados antes del inicio del conflicto.

Un aumento brusco de los combustibles puede afectar rápidamente el gasto de los consumidores, las expectativas de inflación y la confianza en la Reserva Federal. A ello se suma la política comercial de Donald Trump, que podría complicar todavía más el escenario para Warsh. La autoridad provisional utilizada por el presidente para imponer aranceles —la mayoría de los anteriores había sido anulada por la Corte Suprema en febrero— expiró el 24 de julio.

Desde entonces, la Casa Blanca ha establecido nuevas barreras comerciales para sustituir las que quedaron sin efecto y ha anunciado gravámenes más severos contra países como Canadá y Brasil.

Cualquier incremento adicional de los aranceles podría revertir la reciente moderación de la inflación de bienes y obligar nuevamente a la Fed a evaluar sus próximos movimientos.

El dilema de Warsh

El problema es que varias cosas podrían ocurrir simultáneamente. Quizá el escenario más complicado sería que los mercados bursátiles se estabilizaran, pero que el petróleo y los nuevos aranceles provocaran un repunte adicional de la inflación. En condiciones normales, eso constituiría una razón clara para que los gobernadores de la Reserva Federal consideraran elevar las tasas de interés. Algunos ya han votado a favor de un aumento.

Sin embargo, endurecer la política monetaria poco antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre podría deteriorar la relación de Warsh con la Casa Blanca y reabrir la disputa sobre la independencia de la Reserva Federal.

Es posible que, precisamente para evitar ese escenario, Warsh esté intentando que sea el propio mercado el que realice parte del ajuste. Al reiterar su compromiso con el objetivo de inflación de la Fed, pero sin anunciar directamente una subida de tasas, podría esperar que los rendimientos de los bonos de largo plazo aumenten y hagan innecesario un incremento de la tasa oficial.

El riesgo es que esos mayores rendimientos no reflejen un ajuste ordenado, sino el temor de los inversores a que el experimento de Warsh fracase. “Nunca pasa nada” puede ser una buena apuesta mientras todo permanece tranquilo. Pero la reputación de los banqueros centrales se construye precisamente cuando algo sucede.

Y en este escenario, las posibilidades de que ocurra algo son muchas. Tecnología, petróleo, inflación, aranceles, mercados de bonos y política monetaria forman una combinación demasiado compleja como para apostar tranquilamente a que “aquí no pasa nada”. Estaremos atentos.

MÁS COLUMNAS
¿Un nuevo Acuerdo Plaza? El mundo no es ...
EE.UU.
¿Cinco años más de Julio Velarde? Los cu...
BCR PERÚ
El alto costo de no construir centros de...
Centro de datos
SpaceX: el debut bursátil que desafía la...
Elon Musk
El Factor Psicopatía en la Política
Locura
La guerra invisible de Wall Street: mill...
IA y Wall Street
dennis
Formado en el Colegio La Inmaculada, Dennis Falvy es economista por la Universidad Católica, con licenciatura y bachillerato en Economía. Cuenta con una maestría en Proyectos de la UNI en colaboración con el BID y ha realizado estudios en la Universidad de Harvard, donde obtuvo una maestría en Administración. Ha ocupado puestos clave en el sector público y privado, incluyendo roles como Director de Planificación en MINCOM, Decano del Colegio de Economistas de Lima, y consultor financiero para empresas de navegación, minería, seguros, finanzas y turismo. Su trayectoria académica es amplia: ha sido profesor en ESAN, San Ignacio de Loyola, y jefe de prácticas en la Universidad Católica, además de conferencista en instituciones nacionales e internacionales. Con más de 5,000 artículos publicados, Dennis también ha dejado huella en medios de comunicación, tanto impresos como televisivos, y ha dirigido programas en TV abierta como Sentido Común, No Negociable, y A Título Personal. Su experiencia abarca roles como consultor de AID, evaluador de becarios Fullbright, y diputado nacional. Actualmente, se desempeña como asociado en Estudio Picón y continúa compartiendo su perspectiva económica a través del programa Cápsulas TV.
Facebook X Instagram YouTube TikTok
Start typing to see posts you are looking for.