Peter Funari, notable analista, desgranaba el documento de debut bursátil, “folleto S-1”, para la salida de Anthropic, y dijo que lo ha asaltado una reflexión un tanto provocadora, pero dolorosamente real a la luz de los datos. En la industria de la Inteligencia Artificial nos pasamos el día debatiendo sobre las “alucinaciones” de los modelos de lenguaje; ese defecto por el cual las máquinas inventan realidades inexistentes con una convicción pasmosa. Pero, viendo las cifras de este S-1, me pregunto: ¿no seremos los humanos los que estamos sufriendo una alucinación clínica severa? O peor aún, ¿no será que las máquinas alucinan simplemente porque están imitando a sus creadores, unos humanos profunda y financieramente alucinados?
Hoy el analista va a diseccionar la microestructura contable. Porque la lupa ve lo que el mercado oculta, y lo que esconde el S-1 de Anthropic no es el futuro de la humanidad, sino uno de los esquemas de transferencia de riqueza más cínicos de la historia reciente de Wall Street.
Los ingresos y el agujero financiero
Se promocionan los ingresos de la compañía: 4.600 millones de dólares. Suena a hito histórico para una empresa de IA generativa. Sin embargo, cuando uno rasca la superficie del documento registrado ante la SEC, la narrativa de crecimiento exponencial se desmorona para revelar un agujero negro financiero.
Por cada dólar que Anthropic ingresa, quema exactamente 1,75 dólares. No estamos hablando de una startup en fase semilla subsidiando la adquisición de usuarios; estamos hablando de un gigante que pretende salir a los mercados públicos arrastrando un agujero neto acumulado de 42.000 millones de dólares. Es una hemorragia de capital sin precedentes, justificada bajo el dogma de que “quien gane la carrera de la Inteligencia Artificial General (AGI) se lo lleva todo”. Pero la matemática no entiende de dogmas. Entiende de flujos de caja, y el flujo de Anthropic es una línea recta hacia el abismo.

El compromiso de medio billón de dólares
El balance de compromisos futuros es directamente terrorífico. El S-1 detalla un compromiso de gasto en infraestructura de cómputo (Capex) de 518.000 millones de dólares a lo largo de la próxima década, firmado casi en su totalidad con Amazon (AWS) y Google (GCP).
Aquí es donde la alucinación humana alcanza su clímax. Amazon y Google han sido los principales inyectores de capital en las rondas privadas de Anthropic. ¿Qué ocurre en la realidad? Que los gigantes tecnológicos invierten miles de millones en la empresa de IA, pero le imponen cláusulas draconianas que obligan a Anthropic a gastar ese mismo dinero (y muchísimo más) en los servidores en la nube de sus “benefactores”.
En la jerga institucional, esto se llama round-trip financing (financiación de ida y vuelta). Amazon y Google inflan artificialmente sus propios ingresos de Cloud utilizando a Anthropic como un vehículo intermediario, mientras que Anthropic se queda con una deuda y un compromiso de medio billón de dólares que recaerá, adivinen sobre quién… Exacto, sobre el inversor retail y los fondos institucionales pasivos que compren esta salida a bolsa.
El riesgo para el inversionista
El documento revela que el 25 % de sus 4.600 millones de ingresos depende de tan solo dos clientes. Y lo que es más grave: no existen contratos vinculantes a largo plazo con ellos. Si mañana OpenAI, Meta o cualquier modelo open source lanza una API más barata y estos dos clientes deciden migrar, una cuarta parte de la facturación de Anthropic se evapora de la noche a la mañana.
Pero el verdadero insulto a la inteligencia del inversor llega en la estructura corporativa. Anthropic sale a bolsa bajo la figura de una Public Benefit Corporation (PBC). Bajo el noble pretexto de “desarrollar IA segura para el beneficio de la humanidad”, esta estructura legal blinda al consejo de administración y deja al inversor minorista sin derechos de voto efectivos. Usted pone el capital para tapar el agujero de 42.000 millones, pero no tiene voz ni voto en el rumbo de la empresa.
El analista dice que ha leído miles de folletos S-1 en mis más de 20 años en los parqués. He visto factores de riesgo que van desde disrupciones en la cadena de suministro hasta pandemias y guerras comerciales. Pero la sección de “Risk Factors” de Anthropic pasará a los anales de la historia financiera.
En la página 47 del borrador, la compañía admite textualmente que su tecnología, en caso de alcanzar la Inteligencia Artificial General, “podría resultar en la destrucción de la humanidad o en eventos catastróficos irreversibles”.
Ojo, le están pidiendo al mercado público que financie una empresa que pierde 1,75 dólares por cada dólar que ingresa, que está atada de pies y manos a un compromiso de medio billón de dólares con las Big Tech, que le niega el derecho a voto al accionista y que, por si fuera poco, advierte en un documento legal que su producto estrella podría extinguir a la especie humana.
Las máquinas no alucinan. Simplemente procesan los datos que les damos. Somos nosotros, los humanos, los que hemos perdido el juicio, embriagados por narrativas de ciencia ficción diseñadas para descargar el riesgo del capital riesgo privado sobre los hombros del ahorro público. ¿No les parece aterrante que alguien que es capaz escriba esto? Seguiremos indagando e informando.