La Inteligencia Artificial (IA) radica en su capacidad para simular el aprendizaje, el razonamiento y la creatividad humana a una escala y velocidad sobrehumanas.
Su impacto ya está revolucionando los negocios mediante la automatización de procesos, el análisis predictivo y la optimización de decisiones. Las áreas clave de influencia son, principalmente, la transformación empresarial, el aumento de la productividad y los avances científicos en la salud. Todo ello obliga, sin duda, a un debate global y a una regulación necesaria; yo diría urgente.
El nuevo poder de Estados Unidos
En este contexto, The Economist publica una reflexión de enorme relevancia. Contrariamente a lo que muchos sostienen —en medio de noticias que presentan acuerdos internacionales o conflictos geopolíticos como señales de un supuesto declive del poder estadounidense— la revista sostiene que esa conclusión no podría estar más equivocada.
Por ello, considero importante compartir y comentar los principales planteamientos de este análisis, para que el lector se familiarice con un tema de enorme trascendencia que, lamentablemente, en nuestro país apenas se debate debido a una opinología obsoleta y mediocre, concentrada en los asuntos de una clase política y empresarial que, francamente, deja mucho que desear.
El 12 de junio, la administración Trump ordenó a Anthropic bloquear el acceso de usuarios extranjeros a Fable y Mythos, sus modelos de IA más avanzados. En un instante, quedó demostrado que el gobierno estadounidense puede decidir quién tiene acceso a la tecnología más importante del mundo. No existe una muestra de poder mucho más contundente que esa.
La administración reaccionó ante una supuesta filtración relacionada con Fable, un mecanismo capaz de evadir defensas diseñadas para impedir usos peligrosos, como el hackeo de sistemas informáticos o la creación de armas biológicas. Lo más probable es que el objetivo fuera desactivar temporalmente los modelos para todos los usuarios, utilizando la restricción a extranjeros como mecanismo de control.
Aunque la base legal de la medida sigue siendo incierta y es poco probable que la prohibición perdure, lo verdaderamente relevante es la demostración de que el acceso global a la mejor IA puede depender de una decisión tomada en el Despacho Oval.
La administración ya había mostrado en marzo su disposición a intervenir directamente cuando catalogó a Anthropic como un “riesgo para la cadena de suministro”. Ahora también ha demostrado que está dispuesta a intervenir sobre los usuarios. Estados Unidos deberá decidir cómo ejercer este nuevo poder. El resto del mundo tendrá que decidir cómo responder.
Tecnología estratégica
No es la primera vez que Estados Unidos restringe el acceso a tecnologías de frontera. Tras la Segunda Guerra Mundial limitó su cooperación con el programa nuclear británico. En los años setenta intentó restringir la exportación de tecnologías de criptografía, aunque posteriormente tuvo que flexibilizar esa política. Incluso hoy se reserva sus sistemas militares más avanzados: el caza F-22 permanece exclusivamente bajo control estadounidense, mientras que sus aliados acceden al F-35.
Sin embargo, controlar una tecnología depende tanto de su naturaleza como de la capacidad de otros países para desarrollarla por sí mismos. La historia demuestra que muchas tecnologías terminan difundiéndose. Ocurrió con la energía nuclear, la criptografía y las capacidades cibernéticas.
La IA avanzada presenta características de todos esos casos. Si los modelos más sofisticados son capaces de afectar infraestructuras críticas o facilitar el desarrollo de patógenos peligrosos, entonces podrían considerarse tecnologías tan sensibles como las armas nucleares. Pero, al mismo tiempo, será muy difícil impedir que esas capacidades sean replicadas o copiadas.
Los modelos de código abierto continúan evolucionando y podrían acelerar la difusión global de estas herramientas. En ciberseguridad, incluso una pequeña ventaja tecnológica puede marcar diferencias enormes. Si un atacante dispone de una versión más avanzada que la utilizada por un defensor, la vulnerabilidad será inevitable.
Dependencia y geopolítica
Estados Unidos tiene un enorme interés económico en liderar la IA y comercializarla a escala global. Muchos investigadores de Anthropic ni siquiera son estadounidenses y también se vieron afectados por las restricciones. Limitar el avance de la investigación podría resultar contraproducente para la propia industria.
Además, la empresa afirma que cerca del 80% de su consumo proviene de usuarios internacionales. Durante la última década, los pagos europeos a Estados Unidos por productos de propiedad intelectual se multiplicaron por cinco, reflejando la creciente dependencia tecnológica.
Sin embargo, este liderazgo también podría generar una nueva jerarquía global. Las capacidades más avanzadas permanecerían bajo estricto control estadounidense, mientras que versiones ligeramente menos potentes podrían ser compartidas con aliados estratégicos. El resto del mundo tendría acceso únicamente a modelos más limitados y cuidadosamente restringidos.
Para Europa y otros aliados, esta situación podría resultar incómoda. Ya existe dependencia en ámbitos como el comercio, el sistema financiero basado en el dólar y las alianzas militares. La IA podría convertirse en la herramienta de influencia más poderosa de todas.
Si bien parte de esta dependencia es mutua —Estados Unidos necesita la maquinaria de litografía holandesa y la capacidad manufacturera de Taiwán—, la ventaja estadounidense sigue siendo enorme. Posee una capacidad de cómputo muy superior, inversiones masivas y un ecosistema tecnológico difícil de igualar.
El desafío para el mundo
El ensayo Europa 2031 plantea un escenario preocupante en el que la seguridad, la defensa y amplios sectores económicos europeos terminan dependiendo de modelos de IA y capacidad computacional estadounidense. Muchos países concluirán que necesitan más que nunca a Estados Unidos.
Sin embargo, aún pueden fortalecer su posición. La construcción de centros de datos, una mayor disponibilidad energética, regulaciones más eficientes y mejores condiciones para la innovación son pasos indispensables. En Asia Oriental, países como Taiwán, Japón y Corea del Sur deberían coordinar esfuerzos en lugar de competir entre sí.
El objetivo no debe ser el proteccionismo, sino evitar que Estados Unidos sea el único lugar donde el ecosistema de IA pueda prosperar. Como ocurre en el comercio o en la defensa, la mejor respuesta frente a un escenario cambiante no es la queja permanente, sino la construcción de capacidades propias.
Lo que estamos observando exige estudio, análisis y comprensión. Sin embargo, abundan la opinología, los prejuicios ideológicos y los discursos simplistas. En una era de sobreabundancia informativa, muchas personas leen más, pero comprenden menos. La desinformación, la pereza intelectual y la falta de análisis profundo dificultan entender la magnitud de la transformación que estamos viviendo.
El suscrito procura informar sin sesgos sobre estos procesos. No obstante, resulta inevitable observar que gran parte de la izquierda peruana y buena parte de la llamada clase política continúan alejadas de este debate fundamental, lo que, como dirían los jóvenes, realmente “da cosa”.
