Giancarlo Corsetti es titular de la Cátedra Pierre Werner en el Centro Robert Schuman y profesor de Economía en el Instituto Universitario Europeo. Copio en gran parte este extraordinario post publicado en Project Syndicte, en que el autor afirma que no hay duda que lo negociado en 1944 en Bretton Woods al equilibrar el libre comercio y los flujos de capital controlados, facilitó décadas de integración económica y coexistencia pacífica.
Pero la deuda in crescendo, las tensiones geopolíticas y el creciente proteccionismo, hace que los cimientos del modelo se desmoronen. Las reuniones anuales de primavera de este año del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial comenzaron con temores silenciosos de que la administración del presidente estadounidense Donald Trump intentará socavarlas fatalmente.
Fueron reprendidas por el Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, por su creciente preocupación con el cambio climático y la diversidad, pero también con un suspiro de alivio por haber sobrevivido otro día para luchar por el desarrollo. (Ver:) https://enteratepe.com/caviares-y-rojos-se-acabo.-
Es difícil imaginar la era posterior a la Segunda Guerra Mundial sin las instituciones de Bretton Woods: el Banco Mundial, el FMI y la planeada, pero nunca operativa, Organización Internacional de Comercio, que se convirtió en un precursor intelectual de la Organización Mundial del Comercio.
Tres áreas críticas
Bretton Woods sentó las bases del multilateralismo en tres áreas críticas: el sistema monetario internacional; los préstamos oficiales para la reconstrucción y el desarrollo; y la integración económica y financiera mediante la liberalización gradual del comercio y la inversión transfronterizos.
Estos esfuerzos impulsaron la recuperación económica en los países afectados por la guerra y contribuyeron a décadas de relativa paz e integración.
Pero las instituciones de Bretton Woods estaban lejos de ser perfectas.
En cuestión de pocos años, los cambios financieros y económicos cuestionaron muchos de sus objetivos originales, lo que exigió un ajuste continuo.
Aun así, los principios básicos que sustentan el orden de posguerra nunca fueron abandonados, hasta hace poco.
Durante décadas, la economía global estuvo determinada por el pensamiento de Bretton Woods, que enfatizaba la búsqueda de crecimiento real y estabilidad a través de la cooperación multilateral.
Hoy, sin embargo, esa visión es cada vez más cuestionada por políticos y votantes de todo el mundo. ¿Qué ocurrió para romper el consenso imperante? La expansión del libre comercio de bienes y servicios, y el cambio hacia una mayor movilidad del capital, a menudo acompañado de desregulación interna, lo que Ud. puede apreciar en detalle en este post (Link al final).
Liberación del comercio
El sistema de Bretton Woods fue diseñado inicialmente para promover la liberalización del comercio y la inversión extranjera directa, restringiendo deliberadamente la movilidad del capital y previniendo las guerras de divisas.
Los tipos de cambio estaban vinculados al dólar estadounidense, que estaba anclado en el oro.
Y aunque la liberalización del comercio fue más lenta de lo que hubiera sido ideal, la estrategia resultó eficaz.
El sistema original de Bretton Woods (Bretton Woods Mark I) se mantuvo intacto hasta la década de 1970, cuando la creciente inflación y los desequilibrios crecientes alimentados por las guerras de Estados Unidos y los shocks petroleros de la OPEP lo volvieron política y económicamente insostenible. Se otorgo a los países mayor libertad para elegir sus regímenes cambiarios.
La liberalización del comercio se aceleró tras la creación de la OMC en 1995.
Pero a medida que la participación del sector financiero en el PBI se expandió, los flujos de capital transfronterizos pronto superaron a los flujos comerciales en volumen e impacto.
En la década de 1990, el llamado Consenso de Washington pasó a definir el panorama intelectual, político e institucional de una nueva era de globalización sin restricciones.
La creencia en la autorregulación de los mercados sólo se vio parcialmente quebrantada por las crisis financieras de esa década en México, Asia y Rusia, que expusieron la vulnerabilidad de las economías emergentes a los shocks de liquidez y a los flujos de capital volátiles.
Estas crisis también reavivaron el debate sobre los controles de capital como herramienta para reducir la exposición a esos riesgos.
Un serio desafío
El Consenso de Washington planteó un serio desafío a las instituciones de Bretton Woods.
En el nuevo clima intelectual, muchos comenzaron a preguntarse si el Banco Mundial era realmente más adecuado que los mercados de capital para seleccionar proyectos de desarrollo.
Al mismo tiempo, los programas de asistencia del FMI fueron vistos cada vez más como demasiado pequeños para ayudar a alguien que no fueran los países más pobres del mundo.
También vale la pena recordar que el FMI redujo su tamaño voluntariamente a principios de la década de 2000.
Dados los recursos limitados del país, recurrir al Fondo en busca de apoyo se consideró a menudo más costoso que protegerse contra shocks externos acumulando reservas de divisas.
Entre 1990 y 2022, en una muestra amplia de países con datos disponibles, las tenencias medianas de reservas aumentaron de menos del 5% a más del 10% del PBI; estos porcentajes se duplican para el percentil 75 superior de la distribución de las tenencias de reservas.
Pero el espíritu de Bretton Woods regresó con fuerza durante la crisis financiera mundial de 2008-2009, que demostró que en una era de hiperglobalización, incluso las economías avanzadas no eran inmunes a la volatilidad del mercado.

Los controles de capital
Los gobiernos reafirmaron su control sobre los esfuerzos de estabilización nacionales e internacionales, extendiendo líneas de liquidez a los bancos nacionales y extranjeros, a menudo mediante líneas de swap.
A medida que los responsables de las políticas comenzaron a reescribir las reglas financieras a nivel nacional e internacional, redescubrieron los méritos de los controles de capital, ya sean explícitos o incorporados en los marcos macroprudenciales.
Mientras tanto, el FMI amplió significativamente tanto el alcance como la escala de sus programas. Durante la crisis de la eurozona de 2010-2012, asumió un nuevo papel: complementar los mecanismos de financiación regionales.
Se coordinó estrechamente con los fondos regionales recién creados por la Unión Europea, que operaban con normas marcadamente diferentes y rápidamente superaron la capacidad de préstamo del propio FMI.
Contrariamente a las expectativas de muchos analistas, la crisis de 2008-2009 y las crisis posteriores no desencadenaron un tsunami proteccionista.
El libre comercio demostró ser resiliente, aunque no estuvo exento de controversias.
Durante las décadas previas a la crisis, los avances tecnológicos y la disminución de los costos del comercio habían acelerado la reubicación de la manufactura hacia regiones de bajo costo y reorganizado la producción global en complejas cadenas de suministro, preparando el escenario para una reacción política contra el libre comercio.
Desde la crisis financiera hasta mediados de la década de 2010, la economía mundial regresó temporalmente al espíritu original de Bretton Woods, una fase ilustrada en el cuadrante medio de la figura que adjuntamos del post.
La liberalización del comercio se mantuvo en gran medida, mientras que los mercados financieros y los flujos de capital se vieron algo restringidos.
Es importante destacar que la crisis de 2008-2009 dejó claro que los mercados no se autorregulan y no pueden garantizar la estabilidad económica.
Pero, aunque el multilateralismo perduró, sus cimientos empezaron a mostrar grietas visibles.
Bretton Woods se desmorona
El abandono del enfoque de Bretton Woods se hizo evidente en 2016, cuando los movimientos políticos populistas comenzaron a capitalizar el creciente descontento con el libre comercio, culpándolo por el deterioro de los niveles de vida, particularmente en Estados Unidos.
Los aranceles volvieron a estar en la agenda a medida que los gobiernos buscaban reafirmar el control sobre las economías nacionales.
Como lo muestra el cuadrante medio izquierdo de la figura, el marco de Bretton Woods fue puesto prácticamente patas arriba.
Si bien la libre movilidad del capital permaneció relativamente sin obstáculos, el comercio se vio cada vez más restringido, lo que marcó el comienzo del fin de Bretton Woods, tanto en espíritu como en la práctica.
Las fronteras volvieron a estar vigentes, pero se vieron reforzadas por elevados aranceles o por la amenaza de que en cualquier momento se pudieran erigir nuevas barreras comerciales.
Estos acontecimientos plantean una pregunta fundamental: ¿es sostenible este régimen emergente, dado que las tensiones geopolíticas están socavando el multilateralismo no sólo entre bloques rivales sino también entre aliados de larga data?
Para evaluar su durabilidad, debemos examinar las fuerzas que impulsan el cambio proteccionista actual.
En primer lugar, el aumento de la deuda pública y privada en todo el mundo puede tentar a los gobiernos a recurrir a la represión financiera, restringiendo los flujos de capital para mantener el ahorro interno dentro de las fronteras nacionales.
Las crecientes preocupaciones sobre la sostenibilidad de la deuda podrían, en última instancia, llevar al sistema económico mundial nuevamente hacia el cuadrante superior izquierdo de la figura.
La segunda fuerza es la política monetaria
A partir de la década de 1990, la mayoría de las economías desarrolladas –y muchos mercados emergentes dinámicos– adoptaron la política de metas de inflación junto con la liberalización comercial y financiera.
Si bien la limitada flexibilidad cambiaria siguió siendo común entre los exportadores de materias primas que buscaban establecer una gobernanza fiscal y monetaria creíble, la fijación de metas de inflación por parte de bancos centrales independientes rápidamente surgió como el nuevo estándar de oro para lograr la estabilidad macroeconómica.
Esto reflejó la opinión predominante entre los economistas de que la fijación de metas de inflación es preferible al uso estratégico de herramientas monetarias, que no sólo imponen costos a otros países, sino que también corren el riesgo de socavar la estabilidad interna.
En este sentido, el régimen de política monetaria posterior a 1990 contribuyó a la estabilidad global al garantizar que los bancos centrales siguieran concentrados en poner orden en su propia casa.
Pero ¿puede el modelo cooperativo de política monetaria global sobrevivir en una era de fragmentación geopolítica?
¿Seguirán siendo independientes los bancos centrales y mantendrán su compromiso con la estabilidad de precios por encima de todo?
Las respuestas dependerán de los marcos adoptados para gobernar la interacción entre la política fiscal y monetaria en un mundo cada vez más conflictivo.

La fragmentación económica
Por último, los avances tecnológicos y la creciente concentración del mercado han hecho que un puñado de empresas tecnológicas sean inmensamente poderosas.
Si bien se espera que estas empresas se opongan a las restricciones al comercio y a los flujos de capital, también tienen los medios para dar forma al discurso público y a la toma de decisiones políticas, determinando potencialmente qué restricciones se adoptan y cómo se implementan.
De manera similar, en teoría, unas fronteras nacionales fuertes podrían coexistir con una capa estructurada y globalizada por encima de ellas, dominada por grandes potencias económicas y políticas que se confabulan para influir en la política interna.
Es por ello que, a pesar de sufrir algunas pérdidas debido al deterioro general de las condiciones económicas, las grandes corporaciones podrían no oponer mucha resistencia a medidas que profundicen la fragmentación económica.
Los economistas que ayudaron a dar forma a Bretton Woods imaginaron un sistema donde el libre comercio pudiera prosperar junto con los controles de capital.
Sin embargo, unas décadas más tarde, las tensiones dentro del sistema llevaron a una liberalización generalizada de la cuenta de capital, alejándose de los objetivos originales del sistema.
Dado que la reacción política liderada por Trump contra el libre comercio ha desencadenado un giro caótico hacia el proteccionismo, no está claro si un régimen de libre movilidad de capital puede permanecer estable.
De no ser así, la pregunta es cómo evitar que la economía global se desvíe aún más hacia la fragmentación y la represión financiera.
Este resultado no es inevitable.
Y, sin embargo, sin una acción internacional coordinada, es precisamente hacia ahí hacia donde nos dirigimos