Mi formación profesional me impele a ser claro y preciso. Pero cuando a resultas de una absurda censura en otro blog, vi la oportunidad de hacer lo mío en La Mula.Pe y con artículos que no tenían que esperar una semana para publicarse, denomine al Blog: Finanzas y Otros, Y vaya que no me arrepiento de haber puesto “Otros”; pues eso me da la oportunidad de “colgar” otros temas que me parecen interesantes, como el relacionado al tema de las comunicaciones resaltada por el Profesor Noam Chomsky “Lo que ocultan los medios de comunicación “ y que colgué la noche del pasado miércoles.
Empecé con este blog el 5 de septiembre pasado y mi pasión inusitada y hasta temeraria por escribir y darle al público lo aprendido en mi larga vida, es decir compartirlo con una prosa que a algunos puede no gustar, me ha llevado desde el 5 de septiembre a publicar 75 post. Una barbaridad.
Todos los días me digo que me tengo que sofrenar, pero la opulencia de la información en el ámbito financiero y económico es bárbara y siento que ni siquiera atisba en los diversos medios de comunicación peruanos. Más bien hay gran despliegue de aquellos que responden a intereses mercantilistas, cuando no a ignorancia supina o al atrevimiento de quien no investiga y se manda por la libre. Pero así es la democracia y la absoluta libertad de prensa, y hay que respetarla con todos sus defectos y debe prevalecer.
Joe, una gran amistad
Pero eso no es óbice para nosotros al menos tratar de mejorarla. El post que cuelgo es derivado de una gran amistad que viene del colegio La Inmaculada y que es sin duda un hombre brillante amigo y empresario de éxito. Es Jose Koechlin Von Stein, más conocido como Joe, que no sólo es un trome en el área de turismo. Lo ayude hace muchos años, cuando entró a la Pesca del atún con un Buque Long Line y la mafia oriental que invadía el mar peruano le hizo la vida imposible. Fui testigo de cuando joven levanto una ladrillera. Admire su tesón cuando hizo el film Fitzcarraldo. Un fuera de serie y trabajador este gringo de origen alemán pero tan o más peruano que el pisco sour y el cebiche. Sus éxitos son notables y a nivel internacional. Y allí está Joe tan humilde como antaño. Por ellos los de la promoción de la Inmaculada lo quieren entrañablemente y respetan.
Incluso Joe es un promotor recurrente de cultura vía su firma Inkaterra, que por ejemplo edito un libro sensacional y que Joe me obsequió y leí en una sola noche con avidez y enorme placer. Me refiero a “Los últimos días de los Incas” de Kim Mac Quarrie. Hay mucho más, pero no quiero agotarlos. Hace muy pocos días, Joe, me envió vía un mail de un extraordinario capítulo del presidente Thomas Jefferson, ignorado por muchos.
Exhibe la declaración de guerra de este presidente al Islam. Es un relato sensacional. La cortesía del envió es de Manuel Montori Alfaro a quien se le agradece por enseñarnos un poco más de historia. Máxime que recalca: ¿Por qué el himno de la infantería de los Estados Unidos, contiene la estrofa: To The Shore of Tripoli? Lo único que yo he hecho con el escrito es sub titularlo, a fin de que la lectura sea tal vez más agradable, más ligera. Disfrútenlo y tomen nota de este apasionante relato QUE lo publique en mi blog el 19 de noviembre del 2015.
Esta historia la ignoran muchos
La mayoría de los estadounidenses ignora que hace más de doscientos años los Estados Unidos declararon la guerra al Islam, y que Thomas Jefferson liderizó la carga. En el siglo XVIII, los piratas musulmanes eran el terror del Mediterráneo y de una amplia zona del Atlántico Norte. Atacaban a todo buque a la vista, y exigían rescates exorbitantes por sus tripulaciones.
Los secuestrados eran sometidos a un tratamiento bárbaro, y escribían a casa cartas desgarradoras, rogando a los miembros del gobierno y de la familia que pagaran lo que sus captores mahometanos exigían.
¿A quiénes representaban?
Estos extorsionadores de alta mar representaban a las naciones islámicas de Trípoli, Túnez, Marruecos y Argelia, denominados colectivamente como la costa de Berbería y representaban una peligrosa amenaza, no provocada, para la nueva república americana.
Antes de la Guerra de la Independencia, los buques mercantes estadounidenses habían estado bajo la protección de Gran Bretaña. Cuando los EE.UU. declararon su independencia y entraron en una guerra, los buques de los Estados Unidos estaban protegidos por Francia. Sin embargo, una vez ganada la guerra, Estados Unidos tuvo que proteger a sus propias flotas. De ahí, el nacimiento de la Marina de los EEUU.
En los años 1784 –1786
A comienzos de 1784, diecisiete años antes de devenir presidente, Thomas Jefferson se convirtió en ministro de los Estados Unidos en Francia. Ese mismo año, el Congreso de Estados Unidos trató de apaciguar a sus adversarios musulmanes, siguiendo los pasos de las naciones europeas, que pagaban sobornos a los Estados de Berbería, en lugar de participar en una guerra contra ellos.
En julio de 1785, piratas argelinos capturaron barcos estadounidenses, y el gobernante de Argel exigió un inaudito rescate de $60,000. Era un caso claro y simple de extorsión y Thomas Jefferson se opuso vehementemente a nuevos pagos, Propuso al Congreso la formación de una coalición de naciones aliadas que en conjunto podrían obligar a los estados islámicos a pedir paz.
El Congreso desestimó la propuesta de Jefferson, y decidió, más bien, pagar el rescate. En 1786, Thomas Jefferson y John Adams se reunieron con el embajador de Trípoli en Gran Bretaña para preguntarle que con qué derecho su nación atacaba barcos americanos y esclavizaba a los ciudadanos estadounidenses y por qué los musulmanes mostraban tanta hostilidad hacia Estados Unidos, una nación con la que no tenían contactos previos.
Las leyes del profeta
Los dos futuros presidentes informaron que el embajador Sidi Haji Abdul Rahman Adja había respondido que el Islam estaba fundado en las leyes de su Profeta; “que estaba escrito en el Corán que todas las naciones que no reconocieran su autoridad eran pecadoras; que era su derecho y su deber hacerles la guerra a dondequiera que se pudieran encontrar, y esclavizar a todos los que pudieran tomar como prisioneros; y que cada musulmán que muriere en batalla estaba seguro de ir al Paraíso”. A pesar de esta impresionante admisión de violencia premeditada contra las naciones no musulmanas, así como de todas las objeciones de muchos líderes estadounidenses notables, incluyendo a George Washington, quien advirtió que ceder era un error que sólo envalentonaría aún más al enemigo, durante los quince años siguientes al gobierno estadounidense pagó millones de dólares a los musulmanes para el paso seguro de buques americanos o el regreso de rehenes estadounidenses. Los pagos en rescate y tributos ascendieron a más de un veinte por ciento de los ingresos anuales del gobierno de Estados Unidos en 1800.
Jefferson estaba asado
Jefferson estaba disgustado. Poco después de ser juramentado como el tercer Presidente de los Estados Unidos en 1801, el pachá de Trípoli le envió una nota exigiendo el pago inmediato de $225.000 más $25.000 al año por cada año siguiente. Eso cambió todo.
Jefferson le hizo saber al Pasha, sin que cupieran dudas, lo que podía hacer con su demanda. El Pasha respondió cortando el asta de la bandera en el consulado americano y declaró la guerra a los Estados Unidos.
Túnez, Marruecos y Argelia siguieron inmediatamente el ejemplo. Hasta ese entonces, Jefferson había sido contrario a que América levantara una fuerza naval para algo más allá de la defensa costera; pero, después de haber visto a su nación intimidada por la matonería islámica por suficiente tiempo, decidió que había llegado el momento de enfrentar la fuerza con la fuerza.
ESCUADRON AL ATAQUE.
Envió un escuadrón de fragatas al Mediterráneo y enseñó a las naciones musulmanas de la costa de Berbería una lección que esperaba que nunca olvidarían. El Congreso autorizó a Jefferson a autorizar barcos estadounidenses a que se apoderaran de todos los buques y las mercancías del pachá de Trípoli y de “causar que se hicieren todos los otros actos de precaución o de hostilidad que el estado de guerra justificare”. Cuando Argel y Túnez, quienes estaban acostumbrados a la cobardía y la aquiescencia estadounidense, vieron que los recién independizados Estados Unidos tenían la voluntad y el derecho de devolver el golpe, rápidamente abandonaron su lealtad a Trípoli.
La guerra con Trípoli duró cuatro años más, y rugió de nuevo en 1815. La valentía de la Infantería de Marina de Estados Unidos en estas guerras condujo al verso “to the shores of Trípoli” en el Himno de la Marina y para siempre serían conocidos como “cuellos de cuero” ataviados en sus uniformes y diseñados para evitar que las cimitarras musulmanas les cortaran las cabezas cuando abordaran las naves enemigas. Islam, y lo que sus seguidores de Berbería justificaban en el nombre de su profeta y de su dios perturbaba a Jefferson muy profundamente.
Los EE.UU, tenían tolerancia; pero…
Estados Unidos tenía una tradición de tolerancia religiosa; de hecho, Jefferson mismo había sido co-autor del Estatuto de Virginia para la Libertad Religiosa; pero el Islam fundamentalista era como ninguna otra religión que el mundo hubiera visto. Una religión basada en la supremacía, cuyo libro sagrado no sólo toleraba sino que ordenaba la violencia contra los infieles, era inaceptable para él. Su mayor temor era que algún día esta marca del Islam volvería y plantearía una amenaza aún mayor para los Estados Unidos.
El colmo
Lo que sigue debería molestar a todos los estadounidenses. Que los musulmanes hayan dado lugar a clases y horas de natación para mujeres solamente en las universidades financiadas por los contribuyentes y en las piscinas públicas; que a los cristianos, judíos e hindúes se les haya prohibido servir en jurados donde están siendo juzgados acusados musulmanes; que huchas y chicharroneras hayan sido prohibidos en los lugares de trabajo, ya que ofenden la sensibilidad islamita; que helados hayan sido descontinuados en ciertos lugares de Burger King porque la imagen en la envoltura tiene una apariencia similar a la de la escritura árabe de Alá; que las escuelas públicas estén suprimiendo la carne de cerdo de sus menús; y más y más y más… en este sentido
Muerte por mil cortes
Es la muerte por mil cortes, o pulgada por pulgada, como algunos se refieren a ella; y la mayoría de los estadounidenses no tienen ni idea de que esta batalla se libra todos los días a través de América. Al no defenderse, al permitir que haya grupos que oculten que realmente está sucediendo y no insistir en que los islamitas se adapten a su cultura, los Estados Unidos están cortando su propia garganta con un cuchillo políticamente correcto, y ayudando a impulsar la agenda de los islamitas. Lamentablemente, parece que los líderes de hoy de Estados Unidos prefieren la corrección política ante que la victoria