Pocos recuerdan o tomaron nota que entre los años 1983 y 1996, Japón el país perdedor de la II Guerra, experimentó un extraordinario crecimiento económico, impulsado en gran medida por las exportaciones, la expansión industrial y la especulación financiera. Sin embargo, a finales de la década de 1990, el país entró en un período prolongado de estancamiento, conocido como las «Décadas Perdidas».
Comprender las razones detrás de la desaceleración económica de Japón proporciona información valiosa sobre si China podría enfrentar un destino similar, luego de un pasmoso crecimiento por 40 años, que lo hacen aparecer como al menos la 2da super potencia del mundo y que enfrenta una Guerra Comercial de parte de los EE.UU.
En rigor, el auge económico de Japón fue impulsado por un agresivo desarrollo industrial y una estrategia impulsada por las exportaciones. La innovación tecnológica y la excelencia en la fabricación de la nación la convirtieron en una potencia mundial.
Sin embargo, varios factores clave contribuyeron a su desaceleración:
Burbuja de activos y crisis financiera.
El sector financiero de Japón fue testigo de una especulación excesiva en bienes raíces y acciones a fines de la década de 1980, lo que llevó a una burbuja de activos. Cuando la burbuja estalló a principios de la década de 1990, los bancos se quedaron con préstamos morosos, lo que provocó una crisis crediticia que paralizó las empresas y el gasto de los consumidores.
Un segundo punto relevante fue los desafíos demográficos.
El envejecimiento de la población de Japón redujo la fuerza laboral y la demanda de los consumidores, lo que limitó el crecimiento económico. La disminución de la población en edad de trabajar se tradujo en una menor productividad y una mayor presión financiera sobre los sistemas de bienestar social.
Sin duda hubo asimismo problemas económicos estructurales, ya que las empresas japonesas mantuvieron estructuras comerciales ineficientes y políticas que restringieron la competencia. El exceso de regulación, la debilidad de la gobernanza empresarial y la resistencia a las reformas estructurales obstaculizaron el dinamismo económico.
La demanda persistentemente baja de los consumidores condujo a la deflación, desalentando la inversión y el consumo. El Banco de Japón luchó para combatir estos problemas con políticas monetarias, pero solo logro una recuperación lenta.
Todo este contexto deviene de un amigo del MIT con quien charlé sobre este tema y otros la semana pasada y quien no quiere exteriorizar su pensamiento al respecto, pero yo lo asimilo y transcribo pues es muy interesante.
Al menos como opinión personal. de aquello que dio motivo incluso a un “Acuerdo Plaza” promovido y presionado por los EEUU con su enorme Déficit Fiscal, en aquel entonces lo que lo llevó a que su Fed elevara la tasa a niveles del 20%.

¿China podría caer?
Es por eso que la duda y pregunta se cae de madura:
¿Podría China enfrentarse a una desaceleración económica similar?.
La economía de China comparte similitudes con la fase previa al estancamiento de Japón: crecimiento rápido, un modelo impulsado por las exportaciones y riesgos financieros. Varios factores sugieren que China puede enfrentar desafíos similares a los de Japón:
Uno de ellos son los Riesgos inmobiliarios y financieros tan promocionados.
El mercado inmobiliario de China se ha enfrentado a una importante acumulación de deuda y especulación, lo que ha suscitado preocupaciones sobre la inestabilidad financiera. Un posible colapso de la burbuja inmobiliaria podría desencadenar una crisis similar a la de Japón.
Respecto a cambios demográficos la población de China está envejeciendo rápidamente y su fuerza laboral se está reduciendo. Esto podría frenar la productividad y el gasto de los consumidores, reflejando los desafíos demográficos de Japón.
Como se puede apreciar, la China aspira a pasar de una economía impulsada por la inversión a una basada en el consumo, pero la demanda interna sigue siendo insuficiente.
Al igual que Japón, los desafíos estructurales económicos pueden obstaculizar el crecimiento sostenido.
Así por ejemplo, con presiones geopolíticas y comerciales
Japón se benefició de un entorno comercial mundial abierto durante su ascenso. China se enfrenta a crecientes tensiones geopolíticas, políticas proteccionistas y cambios en la cadena de suministro, lo que podría afectar a sus exportaciones y a su crecimiento.
China y Japón
Hay más sin duda que discutir y auscultar, pero si bien la trayectoria económica de China difiere de la de Japón, y sin duda el contexto de los años que han pasado es importante ubicarse, ciertos paralelismos sugieren que podría enfrentar riesgos de estancamiento similares.
Para evitar una desaceleración prolongada se requiere una regulación financiera eficaz, políticas demográficas y reformas económicas para sostener el crecimiento.
Pero sigue siendo incierto si China puede sortear estos desafíos con éxito, pero la experiencia de Japón ofrece lecciones cruciales para los responsables de la formulación de políticas.
Es sin duda algo que se registrará y será motivo de análisis, puntos de vista éxitos o controversia.