Verónica Reyes, para Biobío de Chile, señala que el precio del cobre alcanzó un nuevo máximo histórico al cerrar en US$6,55 la libra, un nivel sin precedentes que refuerza las perspectivas para la economía chilena en medio de un escenario de alta demanda e incertidumbre sobre la oferta mundial del metal.
Y vaya que es una excelente noticia, y un motivo de satisfacción para los Chicago Boys, aquellos economistas chilenos que conocí muy jóvenes allá por los años 80, cuando yo gerenciaba una empresa naviera. La mayoría tenía un PhD, menos de 25 años de edad y una formación sólida y homogénea. Gran diferencia con nosotros, que estuvimos mucho más dispersos, repartidos entre diversas universidades y sin ese mismo nivel de especialización conjunta.

Un respiro fiscal con lecciones pendientes
Esa formación compartida fue para ellos una enorme ventaja, y así se explica que, en lo referente al FEES —el homólogo de nuestro FEF—, el manejo chileno haya sido impecable, mientras que el peruano resultó desastroso: Segura y el entonces primer ministro de PPK, Zavala, le asestaron fuertes recortes, y todo lo remató la ministra del MEF, Alva, quien vendió el saldo durante la pandemia y lo dejó en apenas US$1 millón. Una verdadera barbaridad, contando además con el visto bueno de Julio Velarde.
El nuevo precio del cobre se traduce en más ingresos para el Estado y en mejores condiciones para impulsar la actividad económica. Chile no solo fortalece sus arcas fiscales, sino que además inyecta recursos vitales para el crecimiento, la inversión y el empleo que las familias necesitan, afianzando su rol estratégico como principal productor mundial de cobre.
Los factores detrás del alza
Este repunte del precio obedece, en gran medida, a la escasa disponibilidad del metal en el mercado internacional, lo que ha incrementado la incertidumbre sobre el suministro. Existe además una tendencia alcista impulsada por las expectativas de una mayor demanda vinculada a la transición energética, la expansión de la infraestructura eléctrica y el desarrollo de tecnologías como los vehículos eléctricos y los centros de datos.
A ello se suman las preocupaciones por restricciones en la oferta y por la evolución del comercio internacional, así como la decisión de la República Democrática del Congo de prohibir, con efecto inmediato, las exportaciones de concentrados de cobre y cobalto.
Los inventarios disponibles en Londres han disminuido con rapidez, existe presión por cobre de entrega inmediata, y una parte considerable del metal se encuentra localizada en Estados Unidos, debido a las expectativas arancelarias. Hay mucho más que analizar, pero conviene tener cuidado: los commodities suben y bajan, pues las variables que los afectan no son solo financieras y económicas.

El debate tributario pendiente
Una lectura basada en inteligencia artificial señala que los altos precios internacionales del metal incrementan de forma directa las utilidades de las empresas mineras y elevan los pagos del Impuesto a la Renta y las regalías mineras al fisco nacional. En efecto, el Impuesto a la Renta, las regalías y el canon minero han subido notablemente.
Sin embargo, no se ha hablado nada sobre el llamado impuesto a las sobreganancias, el Windfall Tax. Y ya conocemos el despilfarro de recursos del gobierno y el Congreso anteriores, con gastos recurrentes de gasto corriente sin financiamiento sostenible, pues el alza de precios no alcanza para cubrir los excesos cometidos, sumado además al fenómeno de El Niño.
Habrá que ver qué hace el MEF con Elmer Cuba, el veterano economista de Macroconsult, quien no cuenta con título profesional sino solo con una maestría local. A mi juicio, no resulta convincente, y su equipo de apoyo tampoco genera mayor confianza. Qué pena.