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Feb 4, 25
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Así se gestó un grande y estupendo negocio financiero

Opinión

Rob Copeland y Maureen Farrel, para el New York Times, cuentan en detalle como un gran negocio se gestó en el otoño del 2015, en un reservado de Putnam, el restaurante retro de Greenwich, Connecticut. Allí, Craig Packer, socio de Goldman Sachs, se sentó frente a Doug Ostrover y escuchó una audaz propuesta.

Ostrover, que en ese entonces tenía 52 años, acababa de dejar el coloso de la inversión Blackstone y estaba tratando de emprender un espectacular esfuerzo para crear una empresa desde cero, que se enfrentaría a algunos de los nombres más importantes de las finanzas mundiales. Deja tu trabajo, le dijo el multimillonario financiero a Packer, de 48 años, y únete a mí.

Como Packer recordaría más tarde, Ostrover quería crear una empresa que prestara dinero a empresas muy endeudadas y arriesgadas, dispuestas a pagar elevadas tasas de interés por dinero rápido. Si tenía éxito, la nueva empresa, y sus socios fundadores, podrían dominar un nuevo campo de juego financiero con la posibilidad de conseguir enormes ganancias.

Negocio de riesgo

La propuesta de Ostrover, que advierten los analistas haría que Marc Lipschultz, un veterano de dos décadas en KKR, terminara convirtiéndose en otro fundador de la empresa naciente; consistía en lanzarse al negocio del “crédito privado”, un término de apariencia sencilla que oculta su complejidad y su riesgo.

La nueva empresa funcionaría casi como un banco, sin las restricciones normativas y la supervisión gubernamental por la que los bancos tradicionales se mostraran reticentes a este mercado.

La empresa no acumularía dinero de depositantes individuales, cuyos ahorros están ferozmente protegidos por el gobierno federal y pueden retirarse a voluntad, sino de instituciones como compañías de seguros y fondos de pensiones.

Estaría entonces legalmente autorizada a financiar empresas de difícil manejo y altamente especulativas sin informar públicamente de los detalles de esas actividades.

Cambio de juego en el crédito privado

Hubo por meses reuniones en la cafetería y en otros lugares, Ostrover, Packer y Lipschultz convinieron en que la empresa les ofrecía una gran oportunidad, pero solo si empezaban a una escala gigantesca, de unos US$ 10.000 millones de dólares, lo que supondría un cambio de juego en el mundo del crédito privado, donde pequeñas y turbias tiendas de préstamos hacían tratos de financiación en la trastienda para empresas incipientes aún más turbias.

Lograron recaudar US$ 12.000 millones, rebajando el precio de sus posibles competidores al prometer a los grandes fondos de pensiones y a otros, como el fondo de inversión dirigido por George Soros, unas comisiones de inversión bajas si respaldaban a la nueva empresa.

En rigor se fundó lo que hoy es Blue Owl Capital, que gestiona más de US$ 235.000 millones de dólares, se señala en el New York Times.

Los grandes inversionistas —entre ellos las dotaciones de la Universidad de Brown, el fondo de pensiones de Nueva Jersey, la empresa de inversiones de Michael Dell e Iconiq Capital— recibieron participaciones, lo que básicamente les convirtió en propietarios de la nueva compañía.

Capital permanente de los inversores

Las tasas de interés habían sido bajas desde la crisis financiera de 2007-2008, y había desesperación de los fondos de pensiones y otros inversores institucionales por encontrar formas de obtener mayores rendimientos de sus inversiones. Los mercados de deuda, según le decía Ostrover a los posibles clientes, eran mucho más estables, año tras año, que las acciones o las materias primas.

Y la empresa, que entonces se llamaba Owl Rock Capital, tomó la inusual medida de constituirse con el llamado capital permanente de los inversores, que lo mantendría incluso más tiempo que un típico fondo de capital riesgo, en el que los inversores inmovilizan el dinero durante unos años o incluso una década. Esto le permitiría conceder préstamos cada vez más a largo plazo. A cambio, se ofrecía a los clientes la posibilidad de obtener rendimientos muy superiores a los que podrían obtener con inversiones más convencionales.

Y es que “Doug podría convencer a un perro de que se bajara de un camión de carne”, decía David Salomon, un asesor de inversiones que aceptó ayudar a iniciar la nueva empresa tras reunirse con Ostrover tomando cervezas en un restaurante chino de un centro comercial.

Los fundadores de la empresa tenían “una gran visión”, dijo Salomon, quien gestiona fondos de dotaciones, pensiones y oficinas familiares a través de su empresa, East End Advisors.

Nació en un pequeño restaurante

Casi una década después de su fundación, Blue Owl Capital, como se rebautizó la empresa, está teniendo éxito de una manera que podría haber parecido inimaginable en aquel pequeño restaurante de Connecticut. La compañía, que salió a bolsa en 2021 mediante una fusión y emplea a más de 1000 personas, es uno de los mayores prestamistas privados de Wall Street y gestiona, como hemos señalado, más de US$ 235.000 millones del dinero de los inversores.

Blue Owl ha captado y creado una ola única en una generación, que ha traído un cambio radical a Wall Street. En los últimos años, las empresas privadas de inversión crediticia, incluidos rivales como Ares y Apollo Global, han recaudado aproximadamente 1,8 billones de dólares. Ese dinero se ha prestado a empresas muy endeudadas de sectores como el software, los seguros y la salud.

“Estamos financiando muchas de las mismas empresas que antes acudían a los mercados públicos”, dijo Packer. Para los escépticos, añadió: “Ignóranos bajo tu propio riesgo”.

Mirando desde afuera están los grandes bancos como Goldman y JPMorgan Chase, cuyos ejecutivos ahora se preocupan por la posibilidad de estar cediendo sus lucrativas franquicias de financiación de grandes gastos a estos rivales menos regulados.

Cuanto más riesgo asumes, mejor te ves

En una reunión a puerta cerrada del comité de dirección de Goldman celebrada este verano, los altos cargos debatieron una dura verdad: el banco de inversión se estaba quedando cada vez más rezagado en el crédito privado, concretamente en la concesión de grandes préstamos a empresas, parte de su trabajo de financiación básico, porque los recién llegados estaban dispuestos a dar el dinero en condiciones más fáciles, por ejemplo, aceptando menos protección frente a los impagos.

Por ello el post señala que se dice que “Cuanto más riesgo asumes, mejor te ves”, aconsejó al grupo Marc Nachmann, director mundial de gestión de activos y patrimonios de Goldman. Sin embargo, los socios decidieron que no podían ignorar el frenesí; Goldman seguiría organizando, a cambio de una comisión, fondos de inversión en los que sus clientes pudieran prestar dinero junto con las empresas privadas de crédito y en competencia con ellas.

Otros grandes actores también están interviniendo. Este mes, BlackRock, un gestor de activos que cotiza en bolsa y uno de los nombres más importantes de Wall Street, se ha lanzado a la compra de la nueva empresa de crédito privado HPS Investment Partners por 12.000 millones de dólares. En su anuncio, BlackRock predijo que el mercado de crédito privado se duplicaría con creces hasta alcanzar los 4,5 billones de dólares en 2030.

El éxito de Blue Owl ya ha proporcionado enormes riquezas a sus fundadores. Lipschultz y Ostrover ,ambos citados como multimillonarios por Forbes, quienes compraron recientemente una participación mayoritaria en los Tampa Bay Lightning en una operación que valoró al equipo de la Liga Nacional de Hockey en casi US$ 1800 millones de dólares. Packer también es inversionista en el equipo.

Parte de la tradición local

La historia del origen de la empresa ha pasado a formar parte de la tradición local. En Greenwich, una placa dorada que se instaló recientemente en el restaurante Putnam decía: “El reservado donde se lanzó una empresa de US$ 25.000 millones de dólares”. La placa ya está desfasada. La rama pública de Blue Owl, que cotiza en la Bolsa de Nueva York con el símbolo bursátil “OWL”, fue valorada recientemente en US$ 35.000 millones de dólares.

Lipschultz y Ostrover adquirieron una participación mayoritaria en los Tampa Bay Lightning. Packer también es inversor en el equipo de hockey.

El post es extenso y tiene realmente información valiosa sobre los peligros ocultos señalando que por ejemplo hay que pensar en la época de los bonos basura de la década de 1980, recogida en libros y película como Den of Thieves y The Predators’ Ball.

Era de los asaltantes de empresas

Un caso famoso fue el de Michael R. Milken, del banco de inversión Drexel Burnham Lambert, quien organizó préstamos para empresas como los casinos de Steve Wynn, News Corp de Rupert Murdoch y MCI Communications, la fracasada empresa de telecomunicaciones. Estos bonos contribuyeron a impulsar la era de los asaltantes de empresas y se convirtieron en la columna vertebral del sector del capital riesgo, que utilizó la deuda para comprar empresas públicas, llevarlas al sector privado y volver a pedir más préstamos de dinero.

Esto funcionó hasta que dejó de funcionar. Milken fue a la cárcel por violar las leyes federales sobre valores, Drexel quebró y algunas de las empresas financiadas con bonos basura terminaron declarándose en quiebra.

A mediados de la década de 2000, los banqueros de Wall Street habían encontrado otra manera de ampliar el acceso al crédito y recaudar miles de millones mediante préstamos arriesgados, esta vez con hipotecas a prestatarios con baja puntuación crediticia. Los banqueros agruparon hipotecas con una mezcla de puntuaciones crediticias altas y bajas, pero financiaron al grupo en su conjunto como si todos tuvieran una calificación alta.

Esto impulsó un rápido aumento de las hipotecas, inflando los precios de las viviendas. La burbuja de las hipotecas de alto riesgo estalló en 2007 y 2008, provocando una crisis financiera mundial.
Por ello recomiendo leer el post y escudriñarlo y apreciar la manera tan peculiar que a veces se gestan negocios que llegan a mayores como es este caso.

Ver: https://www.nytimes.com/es/2024/12/29/espanol/negocios/riesgos-prestamos-arriesgados-wallstreet.html?campaign_id=42&emc=edit_bn_20241231&instance_id=143493&nl=eltimes&regi_id=136073525&segment_id=186970&user_id=3c1fa8aca8b73ad778a55bd02efba965

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dennis
Formado en el Colegio La Inmaculada, Dennis Falvy es economista por la Universidad Católica, con licenciatura y bachillerato en Economía. Cuenta con una maestría en Proyectos de la UNI en colaboración con el BID y ha realizado estudios en la Universidad de Harvard, donde obtuvo una maestría en Administración. Ha ocupado puestos clave en el sector público y privado, incluyendo roles como Director de Planificación en MINCOM, Decano del Colegio de Economistas de Lima, y consultor financiero para empresas de navegación, minería, seguros, finanzas y turismo. Su trayectoria académica es amplia: ha sido profesor en ESAN, San Ignacio de Loyola, y jefe de prácticas en la Universidad Católica, además de conferencista en instituciones nacionales e internacionales. Con más de 5,000 artículos publicados, Dennis también ha dejado huella en medios de comunicación, tanto impresos como televisivos, y ha dirigido programas en TV abierta como Sentido Común, No Negociable, y A Título Personal. Su experiencia abarca roles como consultor de AID, evaluador de becarios Fullbright, y diputado nacional. Actualmente, se desempeña como asociado en Estudio Picón y continúa compartiendo su perspectiva económica a través del programa Cápsulas TV.
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