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Sep 10, 26
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La casa soy yo: el poder sin límites de Scott Bessent, el zar financiero de Trump

El secretario del Tesoro estadounidense desafía a los mercados, interviene monedas ajenas y hasta se pelea con Elon Musk. Un repaso a la trayectoria del hombre que «quebró al Banco de Inglaterra» y hoy administra el poder financiero de Washington.
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Scott Bessent hizo hace un tiempo una declaración polémica, dada la delicada coyuntura que afronta por diversos frentes: la intervención en el tema de la moneda japonesa, el recorte de fondos al enemigo iraní y el caso argentino. Dijo entonces, en una reunión, que extendía su razonamiento al caso nipón y no rehuyó las críticas sobre los riesgos que asume el Tesoro con este tipo de operaciones. «La gente puede decir que el secretario del Tesoro está asumiendo un riesgo, pero, bueno, ese es mi sueño. Tengo información asimétrica y ahora la casa soy yo», señaló en la Escuela de Negocios Cox.

El funcionario recordó que el Tesoro estadounidense se sumó a una intervención conjunta con el Banco de Japón el 31 de julio para frenar la caída del yen, y sostuvo que «tenía una buena idea» de lo que Tokio iba a hacer, en referencia a la voluntad de las autoridades japonesas de evitar una liquidación masiva de bonos del Tesoro estadounidense que hubiera presionado el precio de esa deuda. Bessent, además, desafió a quienes quieran apostar en contra de sus próximos movimientos.

En este contexto, rescato lo que escribí sobre este personaje singular e importante para el presidente Trump. Señalé entonces que Scott Kenneth Homer Bessent (Conway, Carolina del Sur, 1962) es un inversor y administrador de fondos de alto riesgo estadounidense. Es el secretario del Tesoro desde el 28 de enero de 2025, y tiene tanto poder que, en una discusión nada menos que con Elon Musk, Trump terminó dándole la razón a él.

Un halcón forjado en Wall Street

Bessent, licenciado en ciencias políticas por la Universidad de Yale en 1984, fue editor de The Yale Daily News y presidente de la Wolf’s Head Society. Trabajó en Brown Brothers Harriman y Kynikos Associates. Se unió al Soros Fund Management en 1991 y fue socio allí durante la década de 1990, hasta convertirse finalmente en jefe de la oficina en Londres. En 1992 fue un miembro destacado del equipo cuya apuesta por el colapso de la libra esterlina, el llamado «Miércoles Negro», resultó en una ganancia de más de mil millones de dólares. Su apuesta contra el yen japonés en 2013 le reportó beneficios adicionales.

En rigor, fue uno de los que «quebraron al Banco de Inglaterra», como se conoce a ese episodio en que la moneda inglesa colapsó debido a la venta de US$ 10,000 millones en libras esterlinas, con una ganancia del 10% durante la crisis cambiaria de 1992 (ver: https://www.exitosanoticias.pe/columnistas/opinion-dennis-falvy-la-advertencia-george-soros-n58239).

Después de renunciar al Soros Fund Management en el año 2000, fundó un fondo de cobertura de mil millones de dólares, que cerró en 2005. Regresó luego al Soros Fund Management y fue director de inversiones desde 2011 hasta 2015. En 2015 fundó Key Square Group, junto a Michael Germino, quien había sido jefe global de mercados de capitales del fondo de Soros.

De donante demócrata a artífice económico de Trump

En el año 2000 organizó una recaudación de fondos para el candidato presidencial demócrata Al Gore. También aportó a las campañas de Barack Obama y Hillary Clinton. En 2016 donó un millón de dólares al comité inaugural de la presidencia de Donald Trump, y en 2023 y 2024 entregó una cifra superior al millón de dólares para la campaña de ese último año. Además, en febrero de 2024 organizó una recaudación de fondos en Greenville, Carolina del Sur, que reunió casi siete millones de dólares para la campaña de Trump. Dos meses después, fue anfitrión de otra recaudación en Palm Beach, Florida, que sumó 50 millones de dólares.

En julio de 2024, Bloomberg Businessweek informó que Bessent era un asesor económico clave para Trump. El financista propuso un plan económico de tres puntos, inspirado en la política de las «tres flechas» del entonces primer ministro japonés Shinzo Abe, y elogió la propuesta de Trump de implementar aranceles amplios. Cuatro días antes de que Trump asumiera la presidencia, compareció ante el Comité de Finanzas del Senado, donde defendió sus planes para imponer tarifas, recortar impuestos y aplicar medidas económicas más duras contra China y Rusia.

El choque con Musk que definió su poder

Y es que en abril, Trump nombró a Gary Shapley —el candidato de Musk— para dirigir el IRS (la Sunat estadounidense), pero Bessent quería en ese cargo a Michael Faulkender, objetivo que logró tras confrontar a Musk en la Casa Blanca, donde le reprochó que no cumplía con los recortes del DOGE. Musk lo llamó agente de Soros y lo acusó de haber dirigido un fondo financiero fallido. La disputa fue ruidosa: se cuenta que Bessent le gritó «a la mierda contigo» y Musk le replicó «dilo más fuerte».

Vida privada, fortuna y un «Palacio Rosa» en Charleston

Según Wikipedia, en cuanto a su vida personal, Bessent pertenece a la iglesia hugonote francesa, congregación cuya expansión apoyaron sus antepasados desde 1680. Es abiertamente homosexual —el funcionario LGBT de mayor rango en la historia del país y el segundo hombre abiertamente gay en integrar el Gabinete estadounidense— y está casado con John Freeman, exfiscal de Nueva York, con quien tiene dos hijos nacidos por gestación subrogada. Es, además, amigo del rey Carlos III y la reina Camila, asiduo visitante del Palacio de Buckingham y anfitrión de Camila en Estados Unidos; también fue donante de la Fundación Princesa de Gales.

En 2016 compró la histórica casa de John Ravenel, construida alrededor de 1848 y heredada por su hijo St. Julien Ravenel y la esposa de este, Harriott Horry Ravenel. La restauración del inmueble fue premiada por la Sociedad de Preservación Carolopolis de Charleston en 2021. La mansión es conocida como el «Palacio Rosa» y está ubicada en esa ciudad. Bessent declara una fortuna superior a los US$ 500 millones, con inversiones en ETF y bienes raíces. Es, sin duda, un hombre clave para Estados Unidos en las circunstancias actuales.

Bessent afirmó el domingo pasado que la propuesta del presidente Donald Trump de emitir cheques de reembolso por aranceles de US$ 2,000 para la mayoría de los estadounidenses requeriría la aprobación del Congreso. «Ya veremos. Necesitamos una ley para eso», dijo en el programa Sunday Morning Futures, de Fox News, cuando le preguntaron por esos reembolsos, y agregó que «esos podrían salir».

El artífice del rescate a Milei

Bessent fue quien dio el visto bueno a la Argentina de Milei al firmar recientemente un acuerdo por US$ 20,000 millones bajo la modalidad de «swap de divisas» —un intercambio de monedas entre dólares y pesos— que ayudó al presidente argentino a ganar las últimas elecciones parlamentarias.

Y vaya que es un hombre clave, pues según relató el portal Infobae, Bessent reivindicó el martes el uso del saldo del Tesoro como un instrumento explícito para construir alianzas políticas en América Latina, y presentó el respaldo financiero a Argentina como el primer caso de esa estrategia. «Nuestro objetivo de política exterior es crear aliados en las Américas. Argentina fue el primer ejemplo de eso, y era mi convencimiento de que el Gobierno de Milei tenía políticas sólidas y que la oposición estaba usando los mercados de capital para crear pánico y causar una crisis cambiaria», afirmó el martes durante un coloquio en la Escuela de Negocios Cox de la Universidad Metodista del Sur (SMU), en Texas.

Bessent detalló el razonamiento que, según dijo, guió la decisión de intervenir a favor del peso argentino durante las elecciones. «Creíamos que era posible levantar un puente durante las elecciones y que el Gobierno estadounidense ganara dinero y que el presidente Milei cruzara al otro lado y ganara», indicó, y vinculó ese respaldo con una tendencia regional más amplia: los giros hacia la derecha registrados en los gobiernos de Chile, Colombia, Ecuador y Bolivia. No precisó, sin embargo, qué mecanismos conectan esos procesos electorales con la política del Tesoro estadounidense.

El respaldo al que se refirió Bessent no fue simbólico. En octubre de 2025, el Tesoro estadounidense anunció la compra directa de pesos argentinos en el mercado cambiario y estableció una línea de canje de divisas por US$ 20,000 millones entre el Fondo de Estabilización Cambiaria del Tesoro y el Banco Central de la República Argentina.

El paquete de asistencia llegó cuando Milei afrontaba las legislativas de medio término, tras semanas de fuerte presión cambiaria, una derrota electoral en la provincia de Buenos Aires y denuncias de corrupción que golpearon a su entorno. El propio presidente Donald Trump había advertido públicamente que el apoyo futuro de Washington a Argentina dependería del desempeño de La Libertad Avanza en esos comicios. El resultado favoreció al oficialismo: La Libertad Avanza obtuvo 40.66% de los votos, frente al 31.7% del peronismo, y aseguró 64 escaños en la Cámara Baja, además de imponerse en seis de los ocho distritos que renovaban bancas en el Senado. Milei calificó el resultado como un «punto bisagra» para su gestión y anunció que buscaría consensos legislativos para avanzar en reformas impositivas y laborales.

El secretario del Tesoro enmarcó estas intervenciones dentro de una disputa más amplia entre visiones económicas rivales: el modelo de «crecimiento» impulsado por Washington —al que, según su lectura, se habrían sumado América Latina y Japón—, el modelo europeo y el capitalismo de Estado chino. «En 20 años vamos a ver que fue el modelo estadounidense el que ganó», vaticinó. Sus declaraciones constituyen, en el fondo, un reconocimiento de que Washington emplea instrumentos financieros para intervenir directamente en procesos electorales de países aliados.

La sombra del default: Bessent bajo la lupa de Wall Street

Pero, para mayor ironía, en Argentina un medio importante señaló que Bessent fracasó en su tercer intento por bajar la tasa de interés, y en Estados Unidos ya se especula abiertamente con un default. El secretario del Tesoro tuvo que anunciar una tercera compra masiva de bonos, y Wall Street reaccionó mal: Axios llegó a especular con esa posibilidad.

Juan Garriga señala que el secretario del Tesoro cosechó este miércoles un nuevo rechazo de Wall Street. Por tercera vez anunció una compra masiva de bonos para bajar la tasa y logró el efecto contrario: el rendimiento del Treasury a 10 años escaló a 4.83%, su nivel más alto desde 2023. El récord de deuda, la suba de la inflación y el alza del petróleo están erosionando la confianza de Wall Street en el secretario del Tesoro de Trump.

El bono a 30 años volvió a rendir cerca de 5.3%, el mismo nivel que antes de que el Tesoro duplicara las recompras; por eso Bessent anunció este miércoles que las triplicaría, pero lejos de calmar al mercado, lo alarmó. Wall Street advierte que las intervenciones no alcanzan para compensar el déficit, la inflación y las crecientes necesidades de financiamiento de Estados Unidos.

Bessent logró bajar las tasas de largo plazo durante algunos días, pero el mercado terminó borrando prácticamente todo el efecto de la intervención. El rendimiento del bono a 30 años volvió a la zona de 5.27%, el mismo nivel en el que se encontraba antes de que el secretario del Tesoro anunciara la ampliación de las recompras para intentar contener los costos de financiamiento.

Esto, sin duda, complica a Caputo. La desconfianza del mercado es tan grande que en Estados Unidos ya se habla abiertamente de un default de su deuda, algo impensado hasta hace poco, cuando se suponía que los bonos del Tesoro eran el activo más seguro del mundo. Axios, uno de los medios con mejor acceso a la Casa Blanca de Trump, analizó este jueves esa posibilidad.

Se trata, por supuesto, de un ejercicio de política ficción basado en el trabajo práctico que hicieron estudiantes de derecho de Virginia sobre la posibilidad de un default de Estados Unidos por su deuda de 40 trillones, citando antecedentes mundiales como el de Argentina. La periodista Emily Peck analizó qué tan posible es ese escenario, teniendo en cuenta la progresiva toma de distancia del mundo financiero respecto de Estados Unidos como último refugio de valor: Holanda acaba de mudar sus reservas de oro de Nueva York a LY.

Como sea, la nueva ola de ventas volvió a poner en duda la capacidad de Bessent para torcer una tendencia que responde a problemas mucho más profundos que la liquidez del mercado. El Treasury a 10 años, referencia para las hipotecas, los créditos y buena parte del sistema financiero estadounidense, también volvió a ubicarse alrededor de 4.8%, más de 10 puntos básicos por encima de los niveles registrados cuando se conoció la intervención.

El Tesoro había sorprendido a Wall Street al anunciar que, desde septiembre, elevaría de US$ 2,000 millones a US$ 4,000 millones el monto máximo de sus operaciones de recompra sobre determinados bonos de largo plazo. El objetivo oficial es mejorar la liquidez y el funcionamiento del mercado, aunque la operación tiene un efecto directo: al aumentar la demanda de Treasuries largos y retirar títulos de circulación, presiona sus precios al alza y sus rendimientos a la baja.

En un primer momento, la estrategia funcionó: el rendimiento a 30 años llegó a caer alrededor de 10 puntos básicos y la decisión trajo alivio a los mercados. Pero el movimiento comenzó a revertirse rápidamente, y la tasa volvió prácticamente al punto de partida. La semana llegó incluso a negociarse en torno al 5.29%, nuevamente cerca de los máximos de los últimos 19 años.

El problema para Bessent es que el Tesoro intenta reducir las tasas largas sin modificar sustancialmente la cantidad de deuda que necesita colocar. El funcionario aclaró que la ampliación de las recompras no supone reducir las subastas regulares de bonos de largo plazo. En la práctica, Washington retira títulos por una ventanilla mientras continúa colocando deuda por otra, para financiar sus necesidades fiscales.

Esa contradicción comenzó a ser señalada por los grandes jugadores de Wall Street. Mark Cabana, responsable de estrategia de tasas estadounidenses de Bank of America, advirtió que el mercado no consiguió sostener ningún descenso significativo de los rendimientos y señaló que los inversores están exigiendo una compensación cada vez mayor para mantener deuda con vencimientos a varias décadas.

Un operador financiero consultado por LPO explicó que Bessent puede intervenir sobre la cantidad de bonos que circulan, pero tiene muchas menos herramientas para modificar las razones por las que el mercado exige una tasa cercana al 5.3% para prestarle a Estados Unidos a 30 años. Las recompras, sostuvo, pueden provocar movimientos importantes en el corto plazo, pero difícilmente logren sostenerlos mientras el Tesoro siga necesitando colocar grandes volúmenes de deuda. «Para bajar de manera permanente la tasa larga, necesitás que el mercado vea menos inflación, una trayectoria fiscal más creíble o menores necesidades de emisión. Si ninguna de esas variables cambia, cada baja provocada por las recompras termina siendo una oportunidad para que aparezcan vendedores», afirmó el operador. La velocidad con la que desapareció el efecto inicial también muestra que Wall Street está dispuesto a poner a prueba hasta dónde llega la capacidad de intervención del secretario del Tesoro.

Las críticas alcanzaron incluso al círculo cercano de Bessent. Stanley Druckenmiller, para quien trabajó el actual secretario del Tesoro, cuestionó que las recompras excedan el objetivo tradicional de garantizar liquidez y comiencen a parecerse a un intento directo por influir sobre el precio de los bonos. La discusión es especialmente sensible porque esa tarea estuvo históricamente mucho más asociada a la Reserva Federal que al Tesoro.

Bessent rechaza esa lectura y sostiene que no pretende fijar las tasas, sino mejorar el funcionamiento de un mercado que considera distorsionado. Sin embargo, el episodio profundiza el giro intervencionista que viene mostrando desde el año pasado. En octubre de 2025, en plena tensión cambiaria previa a las elecciones legislativas argentinas, el Tesoro estadounidense compró directamente pesos para apuntalar al Gobierno de Javier Milei y acompañó la estrategia con un swap por US$ 20,000 millones con el Banco Central.

Meses después apareció el antecedente japonés. Washington acompañó a Japón frente a la fuerte depreciación del yen, una cuestión particularmente sensible para Estados Unidos porque el país asiático es uno de los principales tenedores extranjeros de Treasuries. Una intervención japonesa financiada mediante ventas masivas de bonos estadounidenses podía alimentar precisamente el problema que ahora busca contener Bessent: una mayor presión sobre las tasas largas.

La secuencia resulta llamativa: primero el peso argentino, después el yen y finalmente los propios bonos estadounidenses. En los tres episodios aparece la disposición de Bessent a utilizar la capacidad financiera del Tesoro para enfrentar movimientos del mercado considerados inconvenientes por Washington. Pero esta vez el desafío es de otra dimensión: ya no se trata de estabilizar una moneda extranjera, sino de modificar el costo al que se financia la principal economía del mundo.

El regreso del bono a 30 años a la zona de 5.3% empieza a exponer los límites de esa estrategia. Las recompras pueden retirar temporalmente oferta, mejorar la liquidez y generar una baja puntual de los rendimientos. Pero mientras Estados Unidos mantenga déficits elevados, necesite colocar enormes cantidades de deuda y los inversores reclamen una prima creciente para financiarlo durante tres décadas, Bessent enfrenta un mercado demasiado grande como para torcerlo únicamente a fuerza de intervenciones. Como se ve, la cosa es controversial y complicada. Veremos qué sucede en los próximos días; sin duda, seguiremos informando.

 

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Formado en el Colegio La Inmaculada, Dennis Falvy es economista por la Universidad Católica, con licenciatura y bachillerato en Economía. Cuenta con una maestría en Proyectos de la UNI en colaboración con el BID y ha realizado estudios en la Universidad de Harvard, donde obtuvo una maestría en Administración. Ha ocupado puestos clave en el sector público y privado, incluyendo roles como Director de Planificación en MINCOM, Decano del Colegio de Economistas de Lima, y consultor financiero para empresas de navegación, minería, seguros, finanzas y turismo. Su trayectoria académica es amplia: ha sido profesor en ESAN, San Ignacio de Loyola, y jefe de prácticas en la Universidad Católica, además de conferencista en instituciones nacionales e internacionales. Con más de 5,000 artículos publicados, Dennis también ha dejado huella en medios de comunicación, tanto impresos como televisivos, y ha dirigido programas en TV abierta como Sentido Común, No Negociable, y A Título Personal. Su experiencia abarca roles como consultor de AID, evaluador de becarios Fullbright, y diputado nacional. Actualmente, se desempeña como asociado en Estudio Picón y continúa compartiendo su perspectiva económica a través del programa Cápsulas TV.
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