Hay algo que es casi unánime, que el Banco Central peruano es una maravilla de institución. Tirios y troyanos lo alaban. A mi parecer hay algo de exageración en calificarlo como “Fuera de Serie” ; pues si bien es cierto el compararlo con lo que fue el BCRP en el primer gobierno de Alan García ,que uso y abuso de la denominada “Maquinita” y otras lindezas, es como lo que pasa con el actual presidente, que aún no se sabe si lo que hace esta bien o no tiene una cierta dirección, pero después del desastre de casi 3 años de la que fue la primera mujer presidente del país, la Sra. Boluarte, la verdad es que hay un grado de libertad inmenso para su reemplazo. La mujer en realidad, incluso se acercaba a cero de popularidad según las encuestas. Un desastre total.
El BCRP ha tenido algunos serios problemas con su presidente Velarde, al no comprar siquiera una onza de oro desde que asumió el puesto en el año 2006,lo que por cálculos del suscrito, eso ha dejado de aumentar sus reservas en al menos unos US$ 30,000 millones, ahora que el metal oro ha sobrepasado la barrera de los 4 dólares la onza troy. Y, si bien hay un OK al manejo inflacionario y de tipo de cambio, es pésimo lo que se ha hecho con el Fondo de Estabilización Fiscal (FES) al que se le dejó con apenas 1 millón de dólares, luego que el mismo estuviera en más de US$ 9,000 millones y con mal manejo de rentabilidad inclusive.
Mala información
Pero al margen de ello, el BCRP al ser autónomo la verdad es que ello le da preponderancia en la denominada y tan importante Política Monetaria, la que tal vez sólo le falta esclarecer la mala información que se hace sobre tasas de interés del 800% al 10,000% anual promocionadas para la informalidad o el delincuencial gota a gota, al que se le señala que mueve S/ 4,000 millones al año , cosa a nuestro juicio inexistente y al ahorro negativo de los bancos para las familias depositantes, lo que es algo que hay que regular, sin lugar a dudas, máxime con el desastre en que se ha convertido el tema previsional que se liga a las Afp con retiros absurdos de parte de los participantes. Pero es claro que la autonomía del BCRP es un “Plus” lo que tiene que ser algo importante para la Sunat , que la verdad deja mucho que desear, al decir de especialistas y empresarios.
El Dr. Baca en reciente entrega señala que en apenas dieciocho meses, la Superintendencia Nacional de Aduanas y Administración Tributaria y (SUNAT) ha tenido cinco superintendentes. Releva que este ritmo de reemplazos no responde a una lógica técnica ni a una evaluación institucional rigurosa, sino a una dinámica política que compromete la estabilidad de una de las entidades más estratégicas del Estado peruano.
Entorno de informalidad
La SUNAT, encargada de recaudar impuestos a nivel nacional, incluyendo los aranceles de importación, pero excluyendo los tributos municipales, opera en un entorno marcado por la informalidad, el contrabando, el auge del narcotráfico, la tala y la minería ilegal. En este contexto, su gobernanza no puede depender de nombramientos coyunturales ni de la voluntad del ministro de turno. Es hora de reformar su estructura y dotarla de un directorio independiente, similar al del Banco Central de Reserva (BCRP), que garantice continuidad, transparencia y profesionalismo.
La inestabilidad en la jefatura de la SUNAT no es un fenómeno reciente, pero se ha agudizado en los últimos años. Más allá de los nombres, lo preocupante es que esta rotación constante impide consolidar estrategias de largo plazo, debilita la capacidad institucional y abre la puerta a presiones políticas. En un país donde la nefasta informalidad supera el 50% del PBI y donde el contrabando y el oro ilegal mueven miles de millones de dólares, la SUNAT debería ser una muralla técnica e independiente. En cambio, se ha convertido en una entidad vulnerable, con escasa autonomía y sometida a intereses que muchas veces contradicen su misión. Es sin duda una institución a nuestro juicio menos que regular y peligrosa para la Política Económica del país.
Funciones ajenas de la Sunat
Por ello el Dr. Baca enfatiza sobre el control de insumos vinculados al narcotráfico y señala que una de las distorsiones más graves en la misión institucional de la SUNAT ha sido la asignación de funciones ajenas a su naturaleza tributaria, como el control de insumos químicos vinculados a este espantoso flagelo. Esta tarea, aunque relevante para la seguridad nacional, ha desviado recursos humanos y logísticos que deberían estar enfocados en la fiscalización tributaria y aduanera. Peor aún, lejos de contener el problema, el narcotráfico ha seguido expandiéndose (ver Gráfico 1) y han surgido casos documentados de corrupción entre funcionarios encargados de esta labor, lo que compromete la integridad de la institución y erosiona la confianza ciudadana.

La SUNAT no cuenta con las capacidades operativas ni el mandato técnico para asumir funciones de control policial o de inteligencia criminal y su involucramiento en estas tareas la expone innecesariamente a redes ilícitas que deberían ser enfrentadas por entidades especializadas. Lo terrible es que esto que expone Baca con tanta claridad, no es materia de preocupación, ni siquiera periodístico, no existe y sin duda es un flagelo muy complicado, que incluso ha traído la atención del propio presidente Trump en relación al “ Fentanilo” que involucra a países como México y Colombia, cuando no Venezuela. Es un claro ejemplo de lo grave que es el tema de drogas.
Autonomía de la Sunat
Por ello y me alegra, es que el Dr. Baca coincide con algo que muchas veces señale en la TV en mi programa de años atrás, No Negociable, e incluso como Diputado de la Nación, es decir la necesidad de la autonomía de la Sunat , la que además es manejada al antojo del MEF y por supuesto de irresponsables congresistas, que cada vez dan inclusive más exoneraciones tributarias o reasignan parte del IGV con criterios nada profesionales, sino de tipo político y de corto plazo. Es por ello por lo que Baca señala que al aludir al BCRP la comparación con el BCRP no es casual.
Esta institución, también técnica y estratégica, cuenta con un directorio plural, cuyos miembros tienen mandatos fijos. Esta arquitectura ha permitido que el BCRP mantenga su estabilidad incluso en momentos de alta turbulencia política. La SUNAT, en cambio, sigue dependiendo de un solo superintendente, nombrado por el Ejecutivo sin contrapesos institucionales. Esta concentración de poder no solo es riesgosa, sino que ha demostrado ser ineficaz.

Se necesita una reforma
La experiencia internacional respalda la necesidad de una reforma. En países de la OCDE como Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur, las agencias tributarias operan bajo modelos de gobernanza colegiada, con directorios o comités técnicos que supervisan la gestión estratégica. En Singapur, la Inland Revenue Authority cuenta con un directorio que incluye representantes del sector público y privado, lo que ha contribuido a su reputación como una de las administraciones tributarias más eficientes del mundo. En Sudáfrica, la South African Revenue Service tiene un órgano colegiado que garantiza independencia operativa y continuidad institucional. Incluso en América Latina, países como Chile y México han avanzado hacia modelos más técnicos, aunque aún sin consolidar directorios independientes.
La presión tributaria
Durante las dos últimas décadas, la evolución de la presión tributaria en Perú, Chile y Nueva Zelandia revela no solo diferencias en capacidad recaudatoria, sino también en la eficiencia institucional vinculada a sus modelos de gobernanza. El Perú ha mantenido una presión tributaria persistentemente baja, fluctuando entre el 13% y el 15% del PBI, con caídas notables en años de crisis y sin lograr consolidar una tendencia sostenida de crecimiento.
Esta debilidad se asocia a una estructura de gobernanza centralizada y altamente dependiente del Ejecutivo, donde la SUNAT carece de autonomía técnica y está expuesta a cambios frecuentes de liderazgo. En contraste, Chile ha sostenido una presión tributaria entre el 19% y el 21%, gracias a reformas fiscales periódicas y una administración tributaria más profesionalizada, aunque aún dependiente del Ministerio de Hacienda.
El caso Nueva Zelandia
Nueva Zelandia, por su parte, ha mantenido niveles de recaudación superiores al 30% del PBI, con una estructura de gobernanza basada en una agencia tributaria autónoma, con fuerte supervisión parlamentaria y mecanismos de rendición de cuentas (ver Gráfico 2). Esta diferencia estructural ha permitido a Nueva Zelandia no solo recaudar más, sino hacerlo con mayor eficiencia, menor evasión y mayor legitimidad social. La evidencia comparada sugiere que la autonomía institucional y la gobernanza colegiada —como la ejercida a través de directorios independientes— son factores clave para lograr una administración tributaria eficaz y resiliente.
A estas alturas de la lectura de la presente nota, el lector deberá estar de acuerdo que los argumentos esgrimidos del Dr. Baca son sobresalientes y dan la base para lo que el requiere casi como una condición sine qua non para la Sunat. Es decir, autonomía, gobernanza, nuevo directorio, entre otros.

Eficiencia recaudatoria
Pero para que la cosa quede redonda y Baca ha sido jefe de la Sunat y ministro de Economía, y con experiencia en el sector empresarial internacional y actual funcionario de nivel internacional para el FMI y Banco Mundial, entre otros. afirma que la tendencia mundial en la modernización de las administraciones tributarias apunta hacia el fortalecimiento de su autonomía técnica y financiera, como condición indispensable para mejorar la eficiencia recaudatoria, reducir la evasión y blindar la gestión frente a presiones políticas.
Esta evolución ha dado lugar a dos modelos institucionales predominantes: las agencias semiautónomas y las agencias autónomas. Las primeras gozan de independencia operativa en aspectos como la planificación estratégica, la gestión de recursos humanos y la ejecución presupuestaria, pero siguen dependiendo del poder ejecutivo para decisiones clave como el nombramiento de autoridades o la aprobación de reformas normativas.
Modelos autónomos
Las agencias autónomas, en cambio, cuentan con una gobernanza colegiada —generalmente a través de un directorio— y con plena capacidad para definir sus políticas internas, seleccionar personal por mérito, administrar sus recursos y rendir cuentas ante instancias legislativas o ciudadanas. Países como Nueva Zelanda, Singapur y Sudáfrica han adoptado modelos autónomos que les han permitido consolidar administraciones tributarias altamente profesionales, estables y confiables.
Esta diferenciación institucional es clave para entender por qué algunas agencias logran sostener altos niveles de presión tributaria con legitimidad social, mientras que otras, como la SUNAT, enfrentan dificultades estructurales que limitan su desempeño.
Integración tributaria y aduanera
La tendencia global también apunta a la integración de funciones tributarias y aduaneras. La SUNAT ya cumple ambas tareas, pero esta fusión exige una gobernanza más robusta. Coordinar el control de impuestos internos con la fiscalización aduanera requiere una visión estratégica que no puede depender de una sola persona. Un directorio permitiría articular políticas integradas, asignar recursos con criterios técnicos y evitar que funciones ajenas —como el control de insumos para el narcotráfico— desvíen a la SUNAT de su misión principal. Esta tarea, actualmente a cargo de la SUNAT, debería ser transferida a otras entidades especializadas, ya que no solo resta recursos, sino que expone a sus funcionarios a riesgos innecesarios y abre espacios para la corrupción.
Además de fortalecer la gobernanza, un directorio permitiría regular el ingreso de personal mediante un sistema meritocrático. Inspirado en el modelo del BCRP, se podría crear una escuela de formación tributaria, a la que postulen los mejores egresados universitarios. Solo quienes aprueben un riguroso curso de capacitación podrían incorporarse a la SUNAT, lo que elevaría el perfil técnico de la institución y reduciría la influencia de redes informales o injerencia política en los procesos de contratación.
Urge nueva Ley
Es por ello la necesidad de una nueva Ley de Gobernanza de la SUNAT, lo que quiere decir que para que esta reforma sea viable, se requiere una modificación legal del Decreto Legislativo No. 501 del año 1990 que creó la SUNAT como organismo público descentralizado adscrito al MEF. Aunque SUNAT tiene autonomía técnica y financiera, está adscrita al Ministerio de Economía y Finanzas, lo que implica que su máxima autoridad —el Superintendente— es nombrado por el Ejecutivo, sin plazo de mandato fijo ni ratificación legislativa.
El Congreso de la República debería iniciar un debate serio y plural sobre la necesidad de transformar la SUNAT en una agencia semiautónoma, con un directorio independiente. Esta reforma no implica desligarla del Estado, sino blindarla de presiones políticas y dotarla de herramientas para cumplir su misión con eficacia. La propuesta legislativa podría incluir la creación de un directorio de siete miembros, con representación del Poder Ejecutivo, el Legislativo, el sector privado y la academia.
Los miembros tendrían mandatos de siete años, no renovables, y serían seleccionados mediante concurso público. El directorio nombraría al superintendente, aprobaría el plan estratégico y supervisaría la gestión institucional. Además, se establecería la escuela de formación tributaria como requisito para el ingreso de nuevos funcionarios, y se redefinirían las funciones de la SUNAT para excluir tareas ajenas a su misión central.
Reforma técnica y política
En rigor entonces concluye el Dr. Baca, en este post importante y aleccionador, que la reforma de la SUNAT no es solo técnica, sino política en el mejor sentido del término. Significa apostar por una institucionalidad sólida, capaz de enfrentar los desafíos fiscales del siglo XXI. En un país donde la presión tributaria está por debajo del 16% ,muy lejos del promedio de Sudamérica y de la OCDE, fortalecer la SUNAT es una condición indispensable para mejorar la recaudación, combatir la informalidad, las actividades ilegales y garantizar la sostenibilidad fiscal.
El Congreso tiene en sus manos la oportunidad de iniciar este cambio. La ciudadanía, los gremios y la academia deben exigirlo. Porque una SUNAT independiente, profesional y transparente no es un lujo: es una necesidad urgente. Es una condición sine qua non para integrarla con la política económica y las políticas de Estado que el Perú requiere, para el bienestar de su población presente y futura. Ver : https://prediceperu.com/2025/11/01/linterna-de-popa-516