Alexandr Wang, nacido en enero de 1997, es estadounidense, cofundador y ejecutivo de Scale AI, una empresa top de inteligencia artificial. En el 2021, se convirtió en el multimillonario más joven del mundo que se hizo a sí mismo. Él dijo: “No quiero tener hijos hasta que tecnologías como Neuralink estén preparadas para enlazar los ordenadores con los cerebros”.
Wang no es Elon Musk, tampoco Sam Altman, ni mucho menos Donald Trump. No aparece en tertulias ni protagoniza tuits virales en X. Pero puede que sea la persona más poderosa —y más peligrosa— del presente digital. Porque, con tan solo 27 años, el fundador de Scale AI, ha encontrado la manera de cambiar el futuro de la Inteligencia Artificial: no construyendo modelos de lenguaje, sino controlando los datos que los alimentan.
Este joven genio ha logrado marcar las reglas del juego. Su empresa es la encargada de transformar enormes cantidades de datos en bruto — imágenes, texto, audio, vídeo, mapas o registros sensibles — en conjuntos de entrenamiento perfectamente etiquetados y organizados, optimizados para que las máquinas puedan aprender con precisión.
Esto es en realidad la base sobre la que construyen todos los sistemas de IA contemporáneos. Sin datos bien estructurados, ningún modelo puede entrenarse con eficacia. De él depende tanto Musk como Altman o Zuckerberg para seguir adelante en la carrera por la IA.
Creció rodeado de ecuaciones
Nació en Los Álamos, Nuevo México, lugar que décadas antes vio nacer la bomba atómica. Sus padres eran físicos que trabajaban en laboratorios militares, así que creció rodeado de ecuaciones y secretos de Estado. Lejos de alejarse del trabajo de sus progenitores, se comenzó a interesar tanto en ello que se convirtió en un pequeño genio. Y, a los 17 años, ya competía en las Olimpiadas de Física de EE.UU. Se saltó los dos últimos años de instituto para comenzar matemáticas en el MIT, donde comenzó a desarrollar su perfil.
En el 2016, abandonó la universidad para fundar Scale AI. Mejoró el etiquetado de datos para modelos de aprendizaje automático. En un ecosistema obsesionado con la velocidad, Wang entendió que la clave no estaba en correr más rápido, sino en alimentar mejor a la máquina.
“La IA no es mágica. Es tan buena como los datos que le das”, dijo en una entrevista con Forbes. Ya que las Big Tech necesitaban clasificar sus datos lo mejor posible.
Trabaja para Meta, Google, NVIDIA y con el Departamento de Defensa de EE.UU. y el Pentágono dentro del programa Data-Centric AI, ello con el objetivo “Que EE.UU. no pierda la carrera de la IA frente a China”.

Marca la pauta del futuro de la IA
Wang ahora decide hacia dónde se dirige el futuro de la IA. Pero, evita el protagonismo mediático; es obsesionado con el perfeccionamiento humano a través de la tecnología.
En un mundo donde los algoritmos deciden de todo, los datos no son solo materia prima: son el nuevo petróleo, la nueva pólvora, el nuevo oro. Y Wang es quien refina esa materia.
Hay mas información sobre este genio en las redes. Vale la pena su “auscultación”.