Opinión
JNE
Nov 22, 24
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El gran Jorge Luis Salas Arenas: “Yo soy yo y mis circunstancias” (O.G). Reconocimiento y gratitud.

Opinión

Me inclino más al “no dejar títere con cabeza”, debido a que estamos en tiempos en los que la gran mayoría de los personajes públicos son objetivamente muy cuestionables, y sí, como esforzado defensor de DDHH, siento que contribuyo ayudando a identificar lo que hay que criticar, planteando a la vez caminos y propuestas.

Por eso mismo, no hay cosa que disfrute más, que cuando hay un personaje público del que se puede hablar maravillas y hasta agradecerle. “Son pocos, pero son”, y es el caso sin duda de Salas Arenas, quien ayer se despidió de sus cuatro años como presidente del Jurado Nacional de elecciones (JNE). Pertenece a esa mezcla rara, cada vez más, de capacidad profesional, honestidad, compromiso con el país, coraje y haber tenido logros decisivos. Me alegré mucho, cuando el 2020, fue elegido presidente del JNE, porque venían elecciones en tiempos de peste en salud y peste en política.

Sabía de su buena trayectoria porque a él se le conocía en el mundo de la Justicia como un juez de largo tiempo “en modo arequipeño”, sinónimo de buena formación y coraje. (desde 1996). Y con cargos como presidente de Corte Superior, presidente de Corte Suprema y de la Academia de la Magistratura. Nunca se le había conocido algo incorrecto (nada de audios de la vergüenza, ni investigaciones, no viajes pagados, falsos títulos y menos coimas), lo que ya – increíblemente- marca la diferencia. Pero mejor aún: por cargo que pasó, lo hizo muy bien. Tal vez en la Suprema debió aplicar más él “para hacer tortilla hay que romper huevos”, pero está entre los mejores, y con algunas de sus relevantes sentencias se puede discrepar, pero dentro de lo discutible

En la Academia lo hizo tan bien, que hay un audio de la vergüenza en el que los destituidos e investigados Chavarry e Hinostroza coordinan para sacar a Salas Arens, quien se les venía cuadrando.

Fue en el JNE donde le tocó enfrentar un gran desafío para él, para el JNE y para el país. Salió Keiko en el 2021 a gritar fraude, apoyada por muchos sectores poderosímo: gran parte del poder político (comenzando por el fujimorismo perdedor), económico y mediático (nada con Castillo así hubiera ganado legitimante). Y por si fuera poco los “hermanitos” del poder Judicial y del Ministerio público seguían “vivitos”, y hasta en el interior mismo del JNE (cómo olvidar a Arce, Rodríguez M.). Volví a pensar, qué Alivio que esté Salas Arenas.

Desde el comienzo, siguió paso a paso lo que correspondía hacer legalmente para descartar el fraude. En realidad, no era difícil, porque no existía ni una sola prueba, y, por eso, fueron varias las misiones de observación internacional que lo corroboraron; mucha gente salió a declarar “en mi mesa todo estuvo bien”, “si es mi firma”; y, finalmente, no pegó en la población la campaña de desinformación. Salas Arenas supo igualmente responder a las maniobras del prepotente fraudismo, como cuando Arce se apartó del JNE, pero sin renunciar, para que no hubiera quórum para resolver las muchas nulidades que se habían interpuesto sin fundamento alguno, tan solo para dilatar y llegar al 28de julio sin proclamación de presidente. Estuvimos a un paso …

El cargamontón se complementó con el absurdo “terruqueo” contra Salas Arenas (recuerdo que la PUCP salió acertadamente a defenderlo, por ser en ese entonces profesor de la casa); la “pestilencia” lo acosaba hasta en su domicilio. Difícil de aguantar. Salas Arenas actuó con muchas lucidez, creatividad y firmeza. Felizmente tenía muy buen frente interno, porque su equipo siempre ha sido de primera, demostrándose una vez más que esto del “buen entorno”, es clave (a este equipo también las gracias).

Le debemos a él concretamente que se impusiera el voto de la población y que no haya triunfado el verdadero fraude. Si no fuera por él, hoy, lo más probable, es que estuviéramos bajo una férrea dictadura, sin esperanzas de cambio.

Una sola duda: ¿debió impedir la inscripción del partido A.N.T.A.U.R.O? Al comienzo creí que el JNE (en conjunto) había sido demasiado formalista, y que debió primar el impedir la legalidad de un partido claramente antidemocrático, dispuestos a discriminar, fusilar, etc. Estudié el caso. Concluí que de acuerdo al derecho electoral (hoy en día toda una especialización), como está de por medio el derecho a la participación política (elegir y ser elegido), disminuye mucho la posibilidad de no aplicar el texto literal de la ley, y, entonces – como ha dicho muchas veces Salas Atenas- al JNE no le corresponde hacer la evaluación de lo que es realmente un partido, más allá de lo que declara ser formalmente. Como el tema en cuestión es la posible comisión de delitos por un partido político, es el MP el que tiene que hacer la investigación y denunciar. Y así ocurrió en este caso y el PJ ha fallado contra dicho partido, y en ningún momento critica el proceder previo del JNE.

Y como ya es la regla: quien actúan en defensa de estado de derecho, es perseguido por este régimen político (Congreso-Gobierno). Dice también muy bien de salas Arenas que con este Congreso haya habido una comisión para investigar el inexistente fraude (otra vez sin llegar a nada); que se haya presentado un proyecto de ley para que el presidente no sea más elegido por la suprema; y, gravísimo, el que haya una denuncia constitucional que se viene impulsando contra él por cuestiones risibles.

Cuatro años de batallar sin tregua es para estar agotado y para fantasear con películas como “Un día de furia”, pero, a la vez, me lo imagino con una sensación de satisfacción, de misión cumplida. Hasta podría ser ministro de defensa o del interior, porque ha terminado siendo experto en estrategias de la guerra.

Pero hay otro cargo que es perfecto para él, y sería un verdadero reconocimiento, y entraría con una legitimidad enorme para hacer maravillas. Viene la propuesta: nuevo presidente de la Corte suprema (del PJ), el mismo que se debe elegir la primera semana de enero. Legalmente es posible y estoy seguro que hay varios supremos y supremas que estarían dispuestos a mandar el mensaje “Somos Salas Arena”, es decir, defendemos la Constitución y sobre todo la independencia de las instituciones, comenzando por la del Poder Judicial, hoy totalmente amenazado, como o lo ha sido el JNE. Hay otros buenos candidatos y candidatos, y otros nada buenos, pero es el momento de cerrar filas con lo que es verdaderamente un candidato(líder) natural.

Todos los personajes de estas batallas pasarán a nuestra historia, pero muchos estarán en los pisos reservados para los rufianes, y solo algunos en los reservados para los y las Salas Arenas.

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ernesto
Abogado por la PUCP, egresado de la Facultad de Historia y magíster en Investigación Jurídica de la misma universidad, donde se desempeña como profesor. Fue uno de los fundadores del Instituto de Defensa Legal (1983), además de director de la revista Ideele y del consorcio Justicia Viva. Es autor de diversas publicaciones, entre ellas En nombre de los inocentes: batallas y memoria, y otras sobre sistema de justicia.
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