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Bolsa y finanzas
Jul 5, 26
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Wall Street, 250 años de poder: la máquina financiera que sigue moviendo al mundo

A dos siglos y medio de la independencia de Estados Unidos, Wall Street mantiene un liderazgo bursátil sin precedentes, impulsado por su capacidad de financiar cada gran revolución económica y tecnológica, desde los ferrocarriles hasta la inteligencia artificial.
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Carlo Rodríguez Salcedo, para Bloomberg Línea, señala que Estados Unidos celebra el 250 aniversario de su Declaración de Independencia con Wall Street consolidado como el mercado bursátil más influyente del planeta y con una posición dominante en las finanzas globales.

La institución genera el 25% del PBI mundial y concentra el 62% de la capitalización bursátil global. Y ello no se explica únicamente por el tamaño de la economía estadounidense, sino por la capacidad de sus mercados de capitales para financiar sucesivas revoluciones industriales y tecnológicas, desde los ferrocarriles y el acero hasta internet y, ahora, la inteligencia artificial.

El poder del capital

La historia demuestra que Wall Street es un mecanismo para movilizar capital a una escala difícil de replicar en otros mercados.

Por ello, John J. Hardy, director global de estrategia macro de Saxo Bank, resume esta evolución al señalar que “los mercados estadounidenses son hoy más importantes que nunca, no solo para los inversores estadounidenses, sino a escala mundial”.

El analista considera que el “mercado estadounidense domina el mundo”, pues tiene una ponderación superior al 70% en el índice MSCI World de mercados desarrollados.

Esa posición explica por qué cualquier cambio en Wall Street trasciende las fronteras de Estados Unidos y condiciona el comportamiento de los mercados internacionales. Un poco me recuerda aquello de que: “cuando el Tío Sam estornuda, el mundo entero se resfría”.

Financiar las revoluciones

Wall Street es la historia de la financiación de las grandes transformaciones económicas de Estados Unidos. Durante más de dos siglos ha estado presente en la innovación, las crisis y la regulación.

Ese ciclo comenzó mucho antes de que existieran las grandes tecnológicas. Tras el Acuerdo de Buttonwood de 1792, origen de la Bolsa de Nueva York, la financiación del Canal de Erie abrió el camino a un mercado de bonos cada vez más sofisticado.

Poco después llegó el ferrocarril, que exigía inversiones inéditas para la época y convirtió a Estados Unidos en el mayor importador mundial de capital durante el siglo XIX.

Pero la crisis de 1873, desencadenada tras el colapso de proyectos ferroviarios excesivamente apalancados, provocó cierres bancarios, la suspensión temporal de la Bolsa de Nueva York y dio paso a nuevas normas de supervisión financiera.

Luego surgirían la Reserva Federal, creada en 1913, y posteriormente la Securities and Exchange Commission (SEC), tras la Gran Depresión.

De GM a Nvidia

En el siglo XX, la electrificación impulsó nuevas industrias; el automóvil convirtió a General Motors (GM) en el gran valor de crecimiento de los años veinte y, tras la Segunda Guerra Mundial, IBM simbolizó el nacimiento de la computación comercial.

Hardy recuerda que el liderazgo sectorial nunca ha permanecido inalterable y advierte que “el liderazgo del mercado estadounidense y de sus sectores es un paisaje de cambio a largo plazo”.

Entre 1901 y 1926, la rentabilidad del mercado estadounidense fue del 70%, mientras la rentabilidad total ajustada por inflación y dividendos alcanzó el 211%.

Entre 1951 y 1976, la rentabilidad por precio ascendió al 347%, y entre 1976 y 2001 se disparó hasta el 994%, coincidiendo con la expansión de la informática, las telecomunicaciones y posteriormente internet. En realidad, una auténtica locura de retornos.

La burbuja puntocom terminó con el desplome de numerosas compañías tecnológicas, pero también sentó las bases para el crecimiento de empresas como Amazon o Nvidia.

Amazon llegó a perder cerca del 95% de su valor entre finales de 1999 y 2001 antes de convertirse en uno de los mayores ganadores bursátiles de las dos décadas siguientes.

La era de la inteligencia artificial

La inteligencia artificial representa ahora un nuevo capítulo de ese proceso de financiación.

Igual que ocurrió con los ferrocarriles, la electrificación o internet, el reto vuelve a consistir en canalizar enormes cantidades de capital hacia tecnologías cuyo impacto definitivo todavía está por determinar.

La evolución de Wall Street también explica por qué el liderazgo financiero de Estados Unidos supera ampliamente su peso económico. Mientras el país representa el 25,6% del PBI mundial, concentra el 61,9% del valor bursátil global.

En 1900, esas cifras eran del 17,5% y el 14,5%, respectivamente, una diferencia que muestra cómo el mercado de capitales ha ganado protagonismo durante más de un siglo.

Las claves del dominio

Analistas de Deutsche Bank identifican diez factores que ayudan a entender esa evolución. Entre ellos destacan la estabilidad institucional, la abundancia de recursos energéticos, un mercado doméstico de gran tamaño y la profundidad financiera.

Además, se suman el papel internacional del dólar, el liderazgo universitario y científico, una mayor tolerancia al riesgo empresarial y una capacidad constante para adaptarse a nuevas tecnologías.

Según los analistas, “estas ventajas no actúan de forma individual, sino que se refuerzan mutuamente”, creando un ecosistema difícil de replicar.

Mientras otras economías dependieron principalmente de la financiación bancaria, Estados Unidos desarrolló un sistema capaz de combinar bolsa, capital de riesgo, deuda corporativa, fondos de pensiones, titulizaciones y, más recientemente, financiación privada para empresas tecnológicas.

En el año 2000, entre las mayores compañías estadounidenses figuraban General Electric, ExxonMobil, Pfizer, Cisco o Citigroup.

En 2025, la lista estuvo encabezada por Nvidia, Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta, Broadcom y Tesla. Aunque los nombres cambian, Estados Unidos siguió ocupando ocho de las diez mayores empresas cotizadas del mundo.

Imagen de archivo. EFE/EPA/SARAH YENESEL

El futuro en juego

Pero el analista Hardy advierte que se “debería tener cuidado con el riesgo de extrapolar los rendimientos de los últimos 25 años a los próximos 25 años, hasta 2051”, porque cada revolución tecnológica ha terminado modificando el mapa empresarial y bursátil.

Por ejemplo, gran parte del avance reciente del S&P 500 se explica por el comportamiento de un reducido grupo de compañías tecnológicas, primero las conocidas como las Siete Magníficas y posteriormente las empresas vinculadas al desarrollo de la inteligencia artificial. Durante la primera mitad de 2026, más del 50% de las compañías del índice Philadelphia Semiconductor registraban revalorizaciones superiores al 100%.

Los analistas de Deutsche Bank coinciden en que la IA puede convertirse en el siguiente gran motor de productividad estadounidense. En su análisis sostienen que “la inteligencia artificial es la última expresión de la capacidad de reinvención de Estados Unidos”, al combinar universidades, capital de riesgo, mercados profundos, abundancia energética y un marco favorable para asumir riesgos empresariales.

Pero también existen riesgos: la creciente competencia de China, el aumento de la deuda pública, el envejecimiento demográfico, la desigualdad y una elevada concentración bursátil en un reducido número de compañías expuestas a la IA.

Ese conjunto de factores abre una nueva etapa para Wall Street, que celebra los 250 años de Estados Unidos manteniendo un liderazgo bursátil sin precedentes, construido sobre la capacidad del país para financiar cada una de sus grandes revoluciones económicas y tecnológicas. ¿Seguirá siendo así? Hagan sus apuestas.

Ver: https://www.bloomberglinea.com/mercados/estados-unidos-cumple-250-anos-como-wall-street-construyo-el-mayor-dominio-bursatil-del-mundo/?utm_source=BL-ES&utm_campaign=94b51ca3d2-news-mercados&utm_medium=email&utm_term=0_-9390097da1-479287889

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Formado en el Colegio La Inmaculada, Dennis Falvy es economista por la Universidad Católica, con licenciatura y bachillerato en Economía. Cuenta con una maestría en Proyectos de la UNI en colaboración con el BID y ha realizado estudios en la Universidad de Harvard, donde obtuvo una maestría en Administración. Ha ocupado puestos clave en el sector público y privado, incluyendo roles como Director de Planificación en MINCOM, Decano del Colegio de Economistas de Lima, y consultor financiero para empresas de navegación, minería, seguros, finanzas y turismo. Su trayectoria académica es amplia: ha sido profesor en ESAN, San Ignacio de Loyola, y jefe de prácticas en la Universidad Católica, además de conferencista en instituciones nacionales e internacionales. Con más de 5,000 artículos publicados, Dennis también ha dejado huella en medios de comunicación, tanto impresos como televisivos, y ha dirigido programas en TV abierta como Sentido Común, No Negociable, y A Título Personal. Su experiencia abarca roles como consultor de AID, evaluador de becarios Fullbright, y diputado nacional. Actualmente, se desempeña como asociado en Estudio Picón y continúa compartiendo su perspectiva económica a través del programa Cápsulas TV.
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