La analista chilena Luz Didier Santander escribe para su país una nota interesante a favor del cobre. Señala que se enfrenta una oportunidad que la historia económica ofrece pocas veces por siglo. Y las oportunidades, cuando no se capitalizan, se pierden.
La demanda de cobre crece al ritmo de la IA
La demanda mundial de cobre va a seguir subiendo y, con ella, el precio. No es una apuesta, sino la consecuencia de dos fenómenos irreversibles, señala. La transición energética y la expansión de la inteligencia artificial (IA). Un vehículo eléctrico usa aproximadamente cinco veces más cobre que uno de combustión. Un data center es la instalación que más cobre exige por megavatio: varias veces más que un parque eólico o solar. Y mientras más potentes sean los chips de IA, más cobre, no menos. Adicionalmente, el metal alcanzó un máximo histórico de US$ 6,73 la libra.
Dice entonces que la reactivación del Tratado de Integración Minera con Argentina es más que un gesto diplomático; es infraestructura institucional destinada a soportar el peso de la expansión del sector. El Ministerio de Minería hizo lo correcto al revivir este instrumento de 1997, que llevaba casi tres décadas dormido, con un portafolio de inversión superior a US$ 20.700 millones. Distrito Vicuña, valorado en US$ 18.000 millones y con proyección de recursos para más de 70 años, ilustra la magnitud de lo que puede gestarse para el futuro: un greenfield binacional, intensivo en capital y de larguísima maduración.
Ahora bien, el mineral se exporta por el mar. Por ello, la necesidad de puertos. La inversión minera avanza al ritmo de la seguridad energética, la resiliencia hídrica y la capacidad portuaria. Sin desarrollar los tres sectores en paralelo, el superciclo se convertirá en frustración y desperdicio.

Infraestructura y energía para aprovechar el superciclo
Pone de ejemplo Puerto Ventanas, que lleva más de 34 años en Puchuncaví, donde se reconvirtió del carbón al cobre: invirtió en bodegas cerradas para concentrado y hoy el cobre desplazó al carbón como principal producto del terminal. Y en Mejillones, acaba de comprar a Engie el muelle mecanizado que abastecía de carbón a la generación termoeléctrica, para mover ceniza de soda, componente fundamental para la producción de litio. Eso no es adaptación cosmética para ser más sostenible: es reconversión estratégica de activos con horizonte de largo plazo.
Chile necesita un plan energético y de infraestructura logístico-portuario proyectado a décadas, junto con modernizar la operación de sus instalaciones industriales para hacerlas más eficientes, seguras, sostenibles y rentables.
Para ello, es clave incorporar IA y automatización. No hablo de dashboards ni de modelos predictivos, sino de Physical AI: inteligencia artificial con cuerpo, sistemas que perciben el entorno, razonan y actúan en terreno. Ya hay compañías chilenas desplegando robots autónomos con la operación en marcha, integrando sensores ópticos, térmicos, acústicos y LiDAR sin mapas previos ni GPS. El resultado: menos personas expuestas, cobertura total de activos críticos, mantenimiento predictivo en vez de detención imprevista. Seguridad, continuidad y rentabilidad dejan de ser un dilema.
La renta minera debe convertirse en tecnología y desarrollo
El Gobierno acaba de capitalizar el 100% de las utilidades de Codelco: US$ 2.422 millones retenidos hoy para producir mañana. Esa es la lógica estratégica que el país debe aplicarse a sí mismo. La renta del auge del cobre no puede simplemente consumirse: debe transformarse en infraestructura, seguridad hídrica y energética y en tecnología que sofistique la producción. Debe transformarse en faenas mineras 4.0 que aporten valor compartido a sus territorios y hagan de Chile un referente mundial de la nueva minería. El ciclo llegó. “A capitalizar este ciclo”, señala con firmeza y conocimiento la profesional.
Por ello, y estando de acuerdo con este post de la analista chilena, nos place la noticia de que, ante la alta demanda mundial, Chile, Argentina, Bolivia y Perú firmaron una declaración conjunta sobre minerales estratégicos. El acuerdo, suscrito en Santiago por las autoridades mineras de los cuatro países, busca fortalecer la cooperación técnica y la inversión. La información fue confirmada por las autoridades de los cuatro países.
Tomás Molina advierte que el cobre, el litio y los minerales que mueven la revolución tecnológica global tienen, desde este viernes, una hoja de ruta común para el Cono Sur. Chile, Argentina, Bolivia y Perú firmaron en Santiago una declaración conjunta sobre minerales estratégicos, en el cierre del primer encuentro ministerial dedicado exclusivamente a esta materia.
Perú frente a una oportunidad que no debería desperdiciar
El rol estratégico que está tomando el molibdeno, la octava mayor exportación de Chile. Cobre en disputa: las virtudes y los defectos de Chile y Perú en la carrera por atraer inversión. La foto que adjuntamos a la presente nota la protagonizaron el biministro de Economía y Minería de Chile, Daniel Mas; el secretario de Minería de Argentina, Luis Lucero; el viceministro de Política Minera, Regulación y Fiscalización de Bolivia, Walter Landívar; y el ministro de Energía y Minas de Perú, Guillermo Shinno.
La apuesta es que la región deje de ser solo la despensa de materias primas del planeta y se convierta en un socio estratégico dentro de las cadenas de suministro que necesitan la descarbonización, la electromovilidad y la inteligencia artificial.
“Posicionemos al Cono Sur como el proveedor de minerales estratégicos más confiable, sostenible y competitivo”, lanzó Mas. Según Mas, la transición energética y el boom de la inteligencia artificial dispararán la demanda de minerales críticos entre un 400% y un 600% en la próxima década. “Lo que decidamos no es un asunto meramente local. Define, en los hechos, la seguridad y estabilidad de las cadenas de suministro globales”, sostuvo el biministro, que además recordó que las exportaciones chilenas de bienes y servicios mineros hacia sus tres vecinos ya sextuplican a las de minerales propiamente tales.
Del otro lado de la cordillera, Luis Lucero, el secretario argentino, describió una “oportunidad sin precedentes y que difícilmente se repita en el futuro próximo”, apoyada en la geología regional, una “trayectoria de paz inusual” y proyectos mineros que —dijo— pueden perdurar entre 50 y 70 años y beneficiar a “tres o cuatro generaciones venideras”.
Pronosticó que la región terminará produciendo más de la mitad del cobre del mundo. Desde Bolivia, el viceministro Walter Landívar apuntó a que la riqueza mineral se traduzca en desarrollo productivo y bienestar real para la población, no solo en toneladas embarcadas.

En la misma línea, el peruano Guillermo Shinno manifestó que los minerales estratégicos “deben transformarse en instrumentos dinámicos para generar mayor valor agregado”, con cadenas de suministro que ayuden a cerrar brechas sociales y económicas.
La declaración toma como base experiencias bilaterales que Chile ya tiene en marcha, como la Comisión Administradora del Tratado de Integración y Complementación Minera con Argentina —reactivada este año— y el Memorando de Entendimiento sobre Asuntos Mineros firmado con Perú en 2025. Ahora la apuesta es multilateralizar ese modelo, con los compromisos de fomentar la inversión responsable a lo largo de toda la cadena de valor minera regional, intercambiar experiencias en fiscalización, geología y formación de capital humano especializado, y salir a buscar apoyo técnico y financiero de organismos multilaterales para proyectos conjuntos de investigación e innovación. En rigor, el Perú cuenta con una cartera oficial de 35 proyectos mineros de cobre que representan una inversión total estimada de US$ 45.402 millones.
Los megaproyectos de cobre de mayor inversión
Seis grandes iniciativas concentran la mayor parte del capital previsto en el sector cuprífero nacional:
- El Galeno (Cajamarca): inversión estimada de US$ 3.500 millones.
- Río Blanco (Piura): inversión estimada de US$ 2.792 millones.
- Los Chancas (Apurímac): inversión estimada de US$ 2.600 millones.
- Yanacocha Sulfuros (Cajamarca): inversión estimada de US$ 2.500 millones.
- La Granja (Cajamarca): inversión estimada de US$ 2.400 millones.
- Michiquillay (Cajamarca): yacimiento de gran escala comparable a Toquepala y Cuajone.
Los proyectos en fase de ejecución, optimización y construcción
- Optimización Cerro Verde (Arequipa): inversión de US$ 2.100 millones, enfocada en eficiencia operativa.
- Tía María (Arequipa): operado por Southern Perú Copper Corporation, con una inversión de US$ 1.400 millones.
- Pampa de Pongo (Arequipa): operado por Gansin Mining Perú, con un valor de US$ 1.781 millones.
- Reposición Antamina (Áncash): inversión de gran envergadura para sostener la capacidad productiva.
- Zafranal (Arequipa): proyecto cuprífero con inversión estimada de US$ 1.263 millones, sujeto a ajustes en sus plazos de inversión final.
¿Qué esperamos para hacer la gestión correspondiente y poner de lado a los caviares y comunistas que han paralizado emporios mineros con falsas alarmas, ideologías obsoletas y, sin duda, una inmensa ignorancia supina? Como señala la analista chilena: “A capitalizar este ciclo”.