Es falso que a Julio Velarde se le obligara a comprar el oro de la informalidad. La sugerencia fue planteada incluso a Daniel Dancourt antes de que Velarde asumiera la dirección en 2026. Era sumamente sencillo: la totalidad de las RIN (que en rigor técnico debería denominarse Posición de Cambio) este funcionario la mantuvo concentrada en dólares, como si la divisa verde no perdiera poder adquisitivo de manera constante y ofreciera tasas de rendimiento ínfimas. A ello se sumó una deficiente gestión del Fondo de Estabilización Fiscal (FEF), responsabilidad directa de este mismo funcionario, quien lo redujo a apenas un millón de dólares.
Por esta razón, se le recomendó en su momento que un 20% de las reservas se destinara a oro físico, un activo de adquisición directa que diversos bancos centrales han incorporado de manera constante a lo largo de los veinte años que esta gestión lleva al frente del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), periodo en el cual la autoridad monetaria nacional no ha adquirido ni una sola onza troy de oro.
Para justificar una decisión estratégica de esta magnitud ante un comité financiero, directorio o auditoría, la dirección debió fundamentar su postura en tres pilares esenciales: cobertura contra la pérdida de poder adquisitivo, asimetría de riesgo-retorno y optimización de las reservas de valor.
La ilusión de la pérdida nominal vs. Devaluación real
- Pérdida nominal no es pérdida real: Dejar de percibir una ganancia teórica de US$ 25,000 millones en una divisa que se devalúa de forma acelerada constituye una falacia contable. Si el dólar pierde poder adquisitivo sistemáticamente, mantener una posición 100% dolarizada destruye valor real de manera silenciosa.
- Preservación del poder de compra: Adquirir oro a US$ 750 y revalorizarlo hasta los US$ 4,000 representa un rendimiento del 433%. Dicho incremento no representa un simple beneficio especulativo, sino la efectiva captura de la pérdida de valor del dólar reflejada en un activo duro.
Justificación de la asignación del 20% (Asset Allocation)
- Diversificación y resiliencia (Asset Allocation): Asignar un 20% a metales preciosos constituye un porcentaje estándar en los manuales de gestión de reservas internacionales para enfrentar escenarios de alta inflación o crisis sistémicas. Esta medida no vulnera la liquidez operativa (la cual se cautela en el 80% restante), pero genera un impacto sumamente positivo en el patrimonio neto.
- Correlación inversa: El oro actúa como el contrapeso natural de la cartera. Mientras el componente en dólares sufre los estragos de la depreciación, el tramo en oro absorbe el impacto al apreciarse, estabilizando el valor global del portafolio.
Matriz de Costo de Oportunidad (Trade-Off)
| Factor | Mantener 100% en Dólares Devaluados | Reasignar 20% a Oro (Compra a US$ 750 / Venta a US$ 4,000) |
| Riesgo de Capital | Alto: Pérdida garantizada de poder adquisitivo en el largo plazo. | Bajo: Respaldado por un activo físico libre de riesgo de contraparte. |
| Costo de Oportunidad | Se obtienen intereses nominales bajos a costa de sacrificar valor real. | Se renuncia a ganancias nominales teóricas a cambio de una seguridad patrimonial irreversible. |
| Impacto en Balance | Erosión progresiva y silenciosa de los activos netos del banco central. | Multiplicación por 5.3x del valor correspondiente al tramo asignado. |
«La reasignación del 20% de la posición de cambio no debe medirse bajo la métrica tradicional de ‘lucro cesante’ en dólares, porque el dólar ya dejó de ser un estándar de valor estable. Preferir una ganancia nominal de US$ 25,000 millones en una divisa que se devalúa constantemente, en lugar de asegurar un suelo de valor con un rendimiento real del 433% en oro físico adquirido a US$ 750, habría expuesto a la institución a una destrucción sistémica de riqueza real. El costo de oportunidad asumido es, en esencia, la prima de seguro pagada para blindar el balance macroeconómico.»
No existe argumento válido que justifique la omisión de adquirir oro durante dos décadas de bonanza, decisión que habría fortalecido sólidamente la Posición de Cambio sin alterar ni entorpecer el manejo monetario cotidiano. Las justificaciones contrarias obedecen a posturas tozudas que ignoran las dinámicas reales del mercado internacional.
El colmo de esta gestión radica en argumentar una supuesta suficiencia basándose en un ratio del 7% de RIN frente al PBI, respaldado por apenas 34 toneladas métricas de oro revalorizado adquirido antes del año 2000. Comparar este magro volumen con los estándares globales —donde las principales potencias resguardan más de 18,000 toneladas en plazas clave como Estados Unidos, Reino Unido o Suiza— evidencia un profundo desconocimiento de la escala real de la economía mundial, donde nuestra participación representa apenas una fracción marginal. Y, sin embargo, las autoridades se mantienen imperturbables ante semejante rezago.
