En la red escuché esa vieja canción “Me lo dijo Adela” y la letra que dice: “Doctor, mañana no me saca usted la muela, aunque me muera de dolor”, y ello porque anoche es que lo vieron con un tremendo vacilón. Y eso me lo dijo la chismosa de Adela.
Ello, con sus más y menos, me trajo al año 1989, en que, sin Adela, el vacilón increíble era que el INEI “vacilaba” al pueblo peruano y a los del Fredemo con una inflación in crescendo, con restricciones absurdas al comercio exterior por doquier y el uso y abuso de la maquinita del BCRP. Y encima, un galón de gasolina a 10 centavos de dólar, tal como lo tenía Venezuela con el compadre de García, don Carlos Andrés Pérez, quien, con una subida del combustible, ocasionó un “Caracazo”.
Aunque parezca mentira, Hurtado Miller subió las gasolinas en 3000% en el fujishock de agosto de 1990 y, en diciembre de ese año, 60% más, es decir, 1800% adicional. La locura.
El tema es que no se debía usar Laspeyres, le dije al presidente en su oficina de Palacio, invitado por él por algo que había dicho en la TV sobre la cantidad de cosas que se le ponían a las importaciones absurdamente. Al lado estaba Héctor Delgado Parker, a quien yo en esa época asesoraba, además de tener dos programas en Panamericana: Sentido Común y una salida en 24 Horas, “A Título Personal”, que generaba como 40 puntos de rating con otros personajes.

El día que advertí del error
Por supuesto que mi consejo del cierre del INEI, pues el cálculo de la inflación era absurdo con esas tasas, y que se hicieran algunos ajustes ya, no fue tomado en cuenta.
Esta llegada a Palacio tiene historia y deviene de que, en el año 1987, estando en Madrid “profesionalmente” con un cliente peruano muy complicado por un tema de un banco intervenido por la administración de Belaúnde Terry y su equipo de Manuel Ulloa y varios economistas de nota, me llamó a mi hotel Bobby Dañiño y me invitó a conversar en un lujoso hotel de cinco estrellas en la ciudad.
Larga conversación que terminó en que me sugirió escribir en Caretas, pues sabía que yo estaba enseñando un curso de Planeamiento Estratégico en Cosapi Data, en que a grupos de empresarios les enseñaban, con dos ingenieros de la Universidad de Lima, a manejar las computadoras personales.
Escribí “Bichos con K” y Zileri se demoró y me encontré fortuitamente con Floro Flores Araoz (primo de Antero) y empecé, luego de hablar con Paco Igartúa, a escribir en Oiga como Smith & Ricardo; tres hojas por semana, con singular éxito. Luego de un lapso, me dio programa Andy Sagastisábal en Buenos Días en Panamericana, a mi “Sentido Común”, y luego, asesorando a Héctor Delgado Parker, fui uno de los comentaristas de “A Título Personal”, con casi 40 puntos de rating en 24 Horas, en que Alan me mandó sacar pues rajaba del bárbaro ministro de Economía Vásquez Bazán.
El caso es que, en esa época, fui a Palacio invitado. Me recibió la Sra. Mirtha y luego le dije a un García alto y delgado, con un whisky y queso de primera, por él invitado a mí y a Héctor en su despacho, que tenía que cerrar el INEI, que la medición de Laspeyres era de locura, y no me hizo caso. Creo que no comprendió el tema, pese a que soy didáctico, pero claro, era algo complicado, dado, encima, la animosidad de la gente del Fredemo contra el presidente y de Vargas Llosa, que quería el cargo. Fujimori no existía sino en la Agraria y en un programa de TV en Canal 7.
Luego, ya como diputado en ejercicio por el FIM, y Alan con el tema de penales, la virgencita llorona de Luza y el fujishock y demás hierbas, y cruzándome en los pasillos del Congreso y con el senador Salinas a mi lado, con Alan, me dijo: “Vaya, usted tenía razón”. Pero, desgraciadamente, cuando iba a aclarar el caso y mi estadía en 24 Horas, lo secuestró el MRTA a Héctor, maldita gente.
Allí lo dejo. Es un apretado resumen. Y es que el error técnico y conceptual de medir la inflación con el índice de Laspeyres durante el primer gobierno de Alan García (1985-1990) radicaba en el sesgo de sustitución, el cual se vio drásticamente amplificado por el desabastecimiento generalizado, el control de precios y la hiperinflación.

Laspeyres y la inflación que no se veía
El índice de Laspeyres (fórmula utilizada tradicionalmente para calcular el Índice de Precios al Consumidor o IPC) mide el cambio en el costo de comprar una canasta fija de bienes, basada en los hábitos de consumo de un año base en el pasado.
Bajo condiciones normales, este índice tiende a sobreestimar ligeramente la inflación porque no asume que los consumidores sustituyen productos caros por alternativas más baratas. Sin embargo, en el escenario del gobierno aprista, este error de medición se convirtió en una distorsión descomunal debido a dos factores:
1. El sesgo por escasez y mercados negros
- El Gobierno fijó artificialmente los precios de los productos de primera necesidad (la “canasta oficial”) y subsidió el combustible y los alimentos básicos.
- Al estar los precios congelados por decreto, el índice de Laspeyres registraba que la inflación “oficial” era baja o controlada al principio de las medidas.
El error real: esos productos básicos a precio oficial desaparecieron de las tiendas. Los ciudadanos tenían que hacer colas kilométricas o recurrir al mercado negro, donde los precios reales eran infinitamente mayores. El índice oficial seguía calculando la inflación usando el precio del decreto gubernamental de un producto inexistente en las góndolas, subestimando de forma masiva el verdadero costo de vida.

La canasta que dejó de ser real
2. Alteración forzada de los patrones de consumo
- Al calcularse con una canasta fija del pasado, Laspeyres asume que el ciudadano sigue comprando exactamente la misma cantidad de carne, leche evaporada o pan que consumía antes de la crisis.
- Con la hiperinflación (que llegó a superar el 7000% anual) y la caída abrupta del poder adquisitivo, la población se vio obligada a sustituir drásticamente su dieta. El consumo real mutó hacia bienes de menor calidad o lo que estuviera disponible en el día a día. El indicador seguía midiendo una canasta irreal que el peruano promedio ya no podía financiar ni encontrar.
Consecuencia metodológica
Este desfase provocó que las estadísticas oficiales del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) mostraran durante las fases de control de precios una realidad económica totalmente distorsionada respecto al bolsillo de los ciudadanos. No reflejaba ni el precio real pagado en la calle ni la canasta que verdaderamente se consumía en medio de la crisis. Hay más, mucho más, pero así es la vida, pues.
Del inti a la polémica por la usura
Hoy he tratado de señalar por calles y plazas, y en artículos en periódicos y redes, que decir que la informalidad cobra 800% por créditos al año o la delincuencial gota a gota 10 000%, lo que quiere decir que si me presto US$ 1000 al año devuelvo eso y pago US$ 100 000 millones de intereses, ha sido avalado por Julio Velarde al callarse la boca por esta pachotada de ASBANC que miente, por opinólogos a sueldo y propinas, por una consultora de un empresario envuelto con Odebrecht y no sé por qué, encima, la Keiko, hace poco, en un diario limeño ha señalado que quiere tirarse la ley antiusura con facultades o como una ley propia, pues es dañino para el país, lo que es una aberración viniendo de una presidenta que, la verdad, me parece que le cree a la banca oligopolizada que cobra incluso un spread “soberbio”, pues tiene cuatro bancos oligopolizados y demás hierbas.
Tal parece que la tasa del 114% anual máxima que fija el BCRP por esa ley le parece poco a Velarde y a la Sra. presidenta. Y alguien, además, le ha dicho que el 2% anual de inflación no importa, y que ello perjudica a como 500 mil que quieren crédito, pero con 114% la banca pierde porque estos son riesgosos y se van a los informales con un mínimo de 500% anual. Qué roche. ¿Quién le sopla y asesora a Doña Keiko?
Ah, y aquello de que la hiperinflación durante el primer gobierno de Alan García (1985-1990) en el Perú alcanzó una cifra acumulada superior al 2000 % e incluso picos históricos cercanos al 7600 % anual, destruyendo el valor de la moneda oficial de entonces, el inti, está vendido.
Pero ello es una exageración, aunque sí hubo la destrucción de la moneda INTI. Pero Dios nos ayudó, al menos en la primera fase del gobierno de Fujimori y luego el chino con su autogolpe amañado, pues se mareó y ese es otro cuento que lo pondré en algún momento, pues lo de la autoría mediata fue un uso y abuso de enemigos realmente del país y se la dan de “capos” y santurrones.